No es una guerrillera. Tampoco una activista. Pero fácilmente podría apuntarse a un bombardeo y seguir impulsando el arte transgresor desde su galería del barrio Salamanca

FOTOGRAFÍA: AARON SERRANO / ESTILISMO: ALICIA CLAROS / MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA: AIDA ROJAS / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: FELIPE HERNÁNDEZ / ASISTENTE DE ESTILISMO: ANDREA HIERRO

Si ahora mismo tuviésemos que recrear La última cena de Leonardo da Vinci, el reto sería asumible. Primero nos desplazaríamos a La Fresh Gallery; la mesa de madera maciza que hay en la sala principal serviría de escenario. Como apóstoles escogeríamos a Paulina Rubio, Manuela Carmena, Jeff Koons y, por qué no, a Rouco Varela. El resto de personajes saldrían por votación popular (unas terceras elecciones nos vaciarían aún más los bolsillos, pero no harían daño a nadie). Y la cena, que consistiría en un menú a base de hamburguesas, caviar y zumo de pomelo, la presidiría Topacio Fresh. Quién si no. La argentina es probablemente una de las mujeres que más entiende de protocolo en España; después de todo se ganó el respeto de sus compañeros galeristas opinando en los debates de Telecinco. Allí les hizo ver que en Madrid una no vende cuadros si no saca sus garras kitsch en las redes sociales. Y eso es justo lo que necesitamos para que la cena se convierta en viral. Bueno, eso y un fotógrafo que inmortalice el panorama. ¿Alguien tiene por casualidad el número de Juergen Teller?

A medida que leo cosas sobre ti me cuesta más entenderte. Un día apareces comisariando exposiciones de Bruce LaBruce y otro día en el plató de Sálvame, y al final a los demás se nos rompen los esquemas. Son sinergias diferentes, mochilas. A mí me gusta tener la mochila cargada de personajes diferentes, pero todos esos personajes forman parte de uno solo. O sea, todos esos elementos que uno va cargando en su background, son parte de uno mismo. Aquí, si has bailado con Fangoria no puedes trabajar en una galería de arte, y si trabajas en una galería no puedes salir en un plató de Sálvame o ir de concursante a Supervivientes. Y yo creo que sí, que puedo hacer todo eso. A lo mejor no sé si podría, no sé, dar un discurso en el Parlamento (se ríe porque su marido dice “tiempo al tiempo”). Pero en todas estas cosas existe una compatibilidad. A mí la televisión me gusta, y al mismo tiempo me gusta el arte, entonces no veo por qué no puedo tener un trabajo y decir que sí a alguna propuesta que me parezca entretenida. No lo veo tan raro. ¿Qué opinas tú?

Que todo depende de quién analice la situación. Sí, pero entonces es más el prejuicio de la gente, del ojo ajeno. Es más la mirada crítica. Tendríamos que analizar por qué las personas tienden siempre a encasillarte, y yo es como que me escapo de eso. A lo mejor luego también lo hago para llevar la contraria.

Pero en todo momento, en todas esas mochilas que llevas encima, veo en ti una necesidad de llamar la atención, lo cual no es algo negativo. No, por supuesto. Aparte, si te digo que un poco lo hago adrede, un poco a propósito… Soy provocadora, en todas mis facetas soy provocadora. Tanto en el mundo del arte, que ya has visto el tipo de artistas que hay en la galería, como en los programas que participo, me gusta que el mío sea un personaje controvertido, y al mismo tiempo con mucha ironía, con mucho sentido del humor. Pero ja te digo, sí, me gusta llamar la atención.

Ese descaro tuyo lo llevas hasta los mínimos detalles. Por ejemplo, hace poco publicaste un tweet que decía “si nadie te pone likes es por algo”, y lo acompañaste de una carita sonriente. Son mensajes subliminales a batallas que tengo pendientes por ahí (se ríe). Ese mensaje que puse es buenísimo, porque es verdad: si nadie te pone likes es por algo. Y hay gente que se pone like a sí mismo; cuando tienes un solo like y encima es el tuyo propio, es una angustia. ¡Es desolador! Entonces me gusta reírme de esas situaciones, que es como una pullita a los enemigos sociales que tenemos en las redes. Pero no soy una navajera ¿sabes? No voy por la calle cortando cabezas. Hago estas pequeñas pullitas porque son las herramientas que tengo. Al mismo tiempo que ellos tienen un montón de herramientas para hacerte bullying, para insultarte, para decirte cosas desagradables, tú utilizas, no sé, tu intelecto facebuquero (sonríe con ironía).

¿Naciste provocando o has aprendido con los años? Yo creo que he aprendido a través de las redes ¿no? Ahora todos tenemos como un master que se inició con el Fotolog. Todos venimos de allí. Nos vamos haciendo estos alter egos, nos vamos creando, ¿cómo se dice? Como que vamos poniendo aditivos a nuestra personalidad social. Yo creo que es a través del Messenger, del Outlook, del Hotmail, donde nació todo eso. No sé si depende de mi vida, o de mi viaje, o de Argentina; creo que depende de las redes sociales. Sí, aparte nos sirve para defendernos. Lo dije en una entrevista, que bloquear y eliminar se había transformado como en un pasatiempo. Yo estoy esperando a que alguien me provoque para poder contestarle con un mensaje fulminante, y antes de que él me pueda contestar, bloquearle y eliminarlo. Y eso para mí es como un videojuego, pero al mismo tiempo es una herramienta de defensa ante los múltiples ataques. Yo me defiendo porque me atacan, no es que ataque por diversión. Definitivamente no. Tengo una personalidad muy fácil de atacar; hace diez años se metían conmigo porque era argentina, luego por ser transexual, luego por vieja, incluso por haberme hecho veinte operaciones en la cara. Entonces tú tienes que buscar la manera de saber transformar todo eso en humor y que realmente no te afecte, pero hubo un momento en que a mí sí me afectaba. Te puedo contar una anécdota: cuando yo estaba en un debate de Supervivientes, o de La granja del verano, o estas cosas de Telecinco, una persona se metió con mi nuez. Al otro día llamé al cirujano, me operé y a los tres días estaba internada, con anestesia general, pero sin nuez. Qué loca y qué autoestima tan baja debería tener como para poder hacer todo eso ¿verdad? Porque me había sometido a una operación, y de repente me encontraba en un hospital sacándome algo que me ocasionó mucho dolor, y que después tuve problemas para comenzar a hablar de nuevo. Y todo porque me agarró con la autoestima baja. Me acuerdo que el comentario fue muy desagradable; me dijo “si no pago el alquiler y me desahucian, me voy a vivir a la nuez de Topacio”. Y eso dolió. Ahora, con el tiempo, no sé si estuvo bien mi respuesta, porque al final ellos activaron un botón en mí que nunca tendría que haberse activado.

Alguna que otra vez has dicho que tus inicios en España fueron complicados, y no solo por una cuestión económica. ¿Pensabas que Madrid iba a ser más moderna? Sí, total. Definitivamente es cero moderna. Lo veníamos hablando recién. A ver, es como que Madrid está cargada, bueno, Madrid no, España en general está cargada de tradiciones que son muy difíciles de romper. Hablando desde la Iglesia, el barrio de Salamanca… yo vivo en el campo y tengo que lidiar todos los fines de semana con cazadores. ¡Estamos repletos de estereotipos! La verdad es que en ese sentido la ciudad no evolucionó demasiado. Hay ciudades que tienden a ser como tradicionalistas, y no está mal, pero yo a lo mejor me esperaba una cosa más de apertura, cosmopolita. Cuando volví a Argentina, después de Estados Unidos, me di cuenta de que allí no podía vivir, porque hubiese terminado debajo de un puente, o asesinada, o que sé jo, prostituyéndome en el Gondolín, que es un hotel clásico de Argentina al que llegan todas las personas que echan de sus casas. Y pensar que venía a Europa, realmente sentía como que venía, no sé, a Berlín. Y sin embargo me encontré con una cosa muy arraigada a la tradición. En ese sentido somos muy argentinos; también los argentinos son muy españoles.

Tu galería lleva ya ocho años en pie, estrenando exposiciones una detrás de otra, aunque dices que todavía seguís sobreviviendo. Ah, ¡obvio! Sí, por suerte, si no estaríamos cerrados. Ese es el secreto de la vitalidad, pero ahora existe otro secreto, que es el de lo económico. Ese por supuesto es más difícil, porque la gente tiene ganas de seguir viniendo, pero si yo no vendo cuadros, no puedo pagar el alquiler, ni los impuestos, ni a los artistas. Y la realidad es esa, que somos un espacio que vive de lo que la gente se gasta en arte. Hoy justo lo hablaba: yo creo que me han tocado los ocho años más difíciles. Muchas de las galerías que abrieron al mismo tiempo que nosotros están cerradas. Somos unos privilegiados, y aquí estamos, aguantando.

¿Cómo viviste aquello de la bomba que te pusieron los de la extrema derecha católica? Pues fatal, y lo peor de todo es que siento que no hemos avanzado nada después de esa época. Fíjate, sin ir más lejos, le abrieron un expediente al chico que hizo de drag queen en Canarias por una representación artística de Jesús y la Virgen. Y el mes pasado salió un autobús por la calle diciendo algo muy básico y genérico con respecto al sexo. Vivimos en una era como súper maléfica, y aunque la gente está muy al tanto, a mí me da un poquito de miedo, porque si el odio va dando vueltas por ahí, como ese autobús, ¿qué podemos esperar? ¿Que salgamos de acá y nos den un palizón? ¿O que mañana se termine todo porque nos caiga una bomba o porque este loco de Trump diga “venga, vamos a apretar botoncitos”? Y acá sigue ganando el PP, en Argentina Macri… Siento que la ultra derecha está apareciendo por todos lados. Se viene un nuevo oscurantismo, así que hay que tener mucho cuidado. Hay que salir a la calle muy protegida; yo ando con el gas pimienta, con el taser, yo puedo ser una asesina en potencia. A mí no me van a pillar desprevenida ¿sabes? A mí no me van a dar un palizón ni se van a ir de rositas, porque voy a morir matando.

Parece que le has dado muchas vueltas al tema. Pues sí, porque no nos podemos volver transparentes. ¿Qué pasa con toda la visibilidad que hemos ganado? ¿Ahora tendremos que volver a escondernos? ¿Tendremos que volver a meternos debajo de la tierra? No, hay que estar alerta.

¿Después de aquel ataque te replanteaste moderar tu discurso? ¡Todo lo contrario! Conociéndome a mí, lo último que quería era contenerme. Mira, ahora tenemos dos imágenes que si las vieran los de la ultra derecha me joderían muy probablemente (señala las fotografías de Gozra Lozano que reinterpretan a Jesús y María). Han pasado cinco años y seguimos provocando; es nuestro espíritu. Yo ya tengo una edad y no me van a acojonar, pero me dio muchísima pena por el edificio. ¡Me pusieron una bomba! Yo estaba en mi casa durmiendo, pero aquí arriba hay una peluquería, hay un montón de oficinas, incluso viven familias. Podían haber hecho una masacre, porque tiraron dos cócteles molotov, cayeron por esa ventana y explotaron ahí donde estás tú sentado. Pero a mí eso no me va a asustar. Será que, no sé, soy polvorita. A mí no me asustan esas situaciones, al contrario, me enervan.

¿Crees en Dios? Sí, claro que sí. No voy a misa, pero a veces rezo, me crié bajo una doctrina católica, fui a colegios religiosos… no te quiero decir que fui monaguilla porque no sé si me dejaron serlo, pero hacía una tarea auxiliar en Semana Santa que era lavarle los pies al cura. ¡Me daba mucho asco! Y me gustaría hacer el Camino de Santiago alguna vez, en el jubileo, así me perdonan todos mis pecados (se ríe). Por ejemplo, hoy lo hablaba: mi madre es devota de Santa Rita, y yo siempre que tengo que pedirle a alguien cosas se las pido a ella. Y mira, te vas a morir (saca del bolsillo de su americana una cruz negra en miniatura). ¿Te da miedo? La vi que estaba en este saco y de repente dije “qué raro que lo tenga acá”. Y a ver, estamos con movimientos convulsionados con respecto a la fe, y tengo amigos que están pasando por un momento delicado, entonces es como un mantra ¿sabes? Mi mamá está enferma también, o Israel creo que tenía una reunión importante esta mañana, y es como una manera de conectarme con un deseo de bienestar, pero no con la Iglesia en sí. Nada más lejos que eso. Aprovecho ahora para mandarle un besito al señor Rouco Varela (se ríe).

¿Quieres ser madre? Ya no, pero quise. No es que sea un deseo que se termina, pero sí un deseo que caduca. Tuvimos la posibilidad de comenzar un método para adoptar, y luego cada vez se iba truncando porque la edad lo impedía. El hecho de que seamos autónomos también; tienes que tener como un determinado posicionamiento social, propiedades y todo eso. Entonces lo fui dejando de lado. Y yo creo que ya estoy lejos para el vientre de alquiler, para los procesos largos, y ya no quiero ser madre con cincuenta años. Pero si me hubieses preguntado hace una década, te hubiese dicho que sí con toda mi fuerza. El deseo siempre estuvo ahí.

Pues ya hemos terminado, Topacio. ¿Te has sentido cómoda? Me parece que hablamos mucho de la Iglesia. No voy a quedar como una travesti pepera ultracatólica ¿no?

EN LA FOTO DE PORTADA, TOPACIO JUEGA A IMAGINAR EL FUTURO CON UN VESTIDO Y UNA PULSERA DE BIMBA Y LOLA. EN EL RESTO MIRA A CÁMARA CON UNA CHAQUETA DE ANA LOCKING, JERSEY DE JUST CAVALLI Y PANTALÓN DE MALÍPARMI. Y PARA SALIR DE DUDAS, SÍ, LOS TACONES SON MARCA DE LA CASA.