A los que han definido el gusto de una época les alegrará comprobar que ya no están solos: aquí tienen a alguien que viene dispuesto, por lo menos, a recuperar su autoridad estética. Y lo hace desde el ‘darkroom’ de su estudio en una de las semanas más intensas del año

FOTOGRAFÍA: TORI FERENC

¿Es difícil vivir de la fotografía? ¿Difícil? Bueno, depende de tu personalidad y del tiempo que te haya costado llegar a algo. Si has tardado muchos años en ser reconocido… a ver, no es que sea difícil, pero te desgasta mucho, hay mucho desgaste cuando luchas por mantenerte a un nivel de respeto ¿no? Luego está la presión, pero también es presión que te pones a ti mismo.

¿Te refieres a presión por publicar en ciertos sitios o presión por producir equis  cantidad de fotos al año? ¿Presión de qué tipo? Porque al final… ¿tú piensas mucho en cómo ven tu trabajo los demás? (Se toma su tiempo).

Eso es que sí. No, no es un sí. Para mí lo más importante es manejar el trabajo a un punto en que yo me sienta satisfecho. Eso es esencial. O sea, gracias a la manera con la que se me enseñó en su día, lo que piensen los demás, la verdad, no es algo que me preocupe. Y está claro que quiero publicar en las mejores revistas, pero no me como el coco si de repente publico en una revista que alguien no cree que sea buena. Yo publico donde creo que mi trabajo tiene que estar. De todas formas llevo un año y medio publicando menos a propósito, aproximadamente unas tres editoriales por temporada, que creo que son suficientes. La felicidad no la encuentro en publicar en buenos sitios o hacer campañas espectaculares, o cualquier cosa de esas. Hay que saber qué es la felicidad, y para mí es que ahora esté haciendo contactos de un shoot  que hice estos dos últimos días con un diseñador buenísimo, y es ese momento que sale un contacto que es increíble. Y también es encontrarme con un fotógrafo conocido, alguien al que yo admiro, y que me diga “aquella historia que hiciste fue la hostia, eh”. Eso a mí… hombre, ya sé que es ego, pero eso a mí me da más felicidad que otras cosas. Y la presión, como te decía, es la presión que yo me pongo para, de verdad, hacer un trabajo que sea incuestionable. Y si no lo hago después me siento un poco como que no estoy siendo lo mejor que yo puedo ser, y entonces de ahí podrían venir los problemas.

Intuyo que has librado un par de batallas con editores. A ver, te cuento. Mi relación con las revistas tiene que ser una carretera con doble sentido: el de ellos y el mío. Si ellos actúan creyendo que la carretera solo es suya, pues yo me voy a poner de mi lado. No hay más. Las revistas siempre miran por su interés, lo cual me parece genial, pero claro, yo miro por el mío. Y no tengo ningún problema en jugar duro e intentar imponer mi visión si lo veo necesario, pero haciéndolo desde el respeto, educadamente. Yo lo que digo siempre es que no se trata de que hayas hecho una buena historia, no, tienes que hacerla tan buena que la revista lo vea, que se dé cuenta. Tu layout  tiene que ser tan bueno que sea intocable. Y rara es la vez que un director de arte no admite mi selección. Cuando un fotógrafo se me queja y me dice “es que a mí no me respetan”, yo lo que pienso es que “bueno, pues eso es que no lo hiciste lo suficientemente bien como para que te respetaran”. No sé cómo explicártelo.

Sí, vamos, que hay que labrarse el terreno. Claro. Además yo desafortunadamente no tengo la capacidad para… para permitir que la revista ponga su visión por encima de la mía cuando creo que se equivoca.

No hay prácticamente nada de información sobre ti. La última entrevista que hiciste, de hecho, fue en 2014 para Dazed & Confused. Y en estos últimos cuatro años no me has respondido nunca cuando te he planteado charlar. Tío, perdóname, de veras.

No, para nada. Es una decisión propia. Y no quiero que pienses que te la reprocho. Pero mi pregunta es a qué se debe tu silencio, porque seguro que tendrás una razón. A ver cómo te lo digo. Yo tuve la gran suerte, que yo creo que es lo que me permite ser feliz, de haber tenido a un mentor como Bob Richardson, que me marcó una manera de vivir como fotógrafo. Y estoy eternamente agradecido. Yo me vine a vivir a Londres desde Los Ángeles con un book  y una manera muy inocente de… creyéndome que ya podía comerme el mundo (piensa en lo que acaba de decir). Pero sinceramente yo sigo creyendo que tenía trabajo para que la gente me abriese las puertas (sonríe), porque era un trabajo que, te hablo de hace quince años, que aún la gente hoy cree que es muy de ahora. Son historias que han sido y son muy copiadas. Pero era un tiempo distinto; no es como hoy, que tú haces cuatro fotos en Instragram y te dan una historia en una revista. Antes tenías que empezar por retratos, ganarte tu terreno para que después te diesen más páginas… y me vine a un sitio como Londres que es muy duro. Yo no les gustaba a mucha gente de aquí, no comprendían mi trabajo, no comprendían mi autoestima hacia lo que hacía. Yo nunca tuve una conexión especial con lo que ocurría en esta ciudad a nivel de fotografía de moda, con lo que yo veía a mi alrededor. Creía que era el sitio donde tenía que estar, pero nunca me sentí parte de un grupo. De hecho, no tengo… con el tiempo me hice amigo de algunos fotógrafos, pero yo no tengo relaciones en la moda. Y decidí que era importante que la gente no supiese donde yo vivía cuando viese mi trabajo.

Querías que la gente viese tus imágenes sin pensar en Robi. Sabía que había fotógrafos que hacían el look  Inglaterra muy bien, y ya sabemos quiénes son. Entonces siempre hubo un intento de que mi trabajo fuese ambiguo ¿entiendes? Después la cosa está en que me tienen que convencer para hacer algo. O sea, para mí es muy importante saber que la persona que me está contactando lo haga de una manera muy honesta. Yo creo que esta última vez que me contactaste, no sé, pues mi cabeza hizo clic y me dijo que tenía que hablar contigo. Me pareció… tenía ganas de hablar contigo, porque vi algo que a lo mejor me despertó el interés. De hecho le mencioné tu nombre a uno de mis ayudantes y me dijo “anda, pero si ya me habías dicho que te había contactado hace la hostia de años”.

Vamos, que tus ayudantes me tienen por el loco de los emails. ¡Qué bien! Más o menos (se ríe). Me llegan mogollón de emails, y bueno, al final hay que hacer filtro. Ahora por ejemplo hay gente que me quiere incluir en un libro de fotografía de moda. No me gusta cómo me han contactado y… (se ríe). Creo que para mí es muy importante el sentir a la persona, y si me contactan de una manera que no me gusta, pues paso.

Lo que ocurre con el silencio del que te hablaba es que genera un cierto misterio. Lo que consiguen, por ejemplo, un Raf Simons o un Hedi Slimane no pronunciándose nunca es que la gente se haga preguntas. Y tú sigues un poco el mismo patrón. Incluso uno de tus vídeos lo titulaste Silence is sexy. Creo que algo tiene que ver. (Se ríe) Sí, totalmente. O sea, yo estoy influenciado por muchos directores de cine como David Lynch o Michael Haneke. Y una cosa de Lynch que mi mujer y yo siempre decimos es “si tienes que dar explicaciones has perdido”. Entonces intento seguir un poco ese lema.

Precisamente por esa falta de información tuya quiero que me hables, si te apetece, de cómo empezaste. ¿Tú escogiste la moda porque te interesaba o porque te permitía dedicarte a la fotografía de manera rentable? Y no te lo tomes a mal. Digo esto porque la ropa es lo último en que se fijaría cualquiera que viese tus fotos. A ver, primero la pregunta no era esa. La pregunta es por qué elegí la fotografía de moda (se para a pensarlo). Porque me sentí seducido por… para mí ninguna de las decisiones ha sido por dinero. O sea, el hacerme mayor me ha servido para conocerme mejor a mí mismo ¿no? Y una de las cosas que he aprendido sobre mí es que el dinero, sinceramente, no me importa nada. Me importa para dar una buena vida a mi familia, que mi mujer no tenga preocupaciones, que mi hija tenga lo que necesita. Pero el dinero por sí solo me da igual, así que por ahí nunca fue la decisión. Yo siempre fui muy inocente, y digo inocente de manera positiva. Yo creía que con la moda podía contar mi tipo de historias con un tipo de personajes, y es como lo viví desde el principio, y por eso tardé tanto tiempo en conseguir publicaciones fuertes ¿no? Pero es que hace diez años, ya no te digo quince, hace diez tú le ibas a la gente con ese tipo de trabajo y es que no había reacción. Daba igual lo bueno que fuese. Además yo no diferenciaba entre un proyecto personal y uno de moda, porque yo lo veía más como estilo. Lo que pasa es que, con el tiempo, he aprendido a conocer el negocio de la moda muy bien, y sí que es verdad que la moda en sí… Yo no soy como algunos fotógrafos que trabajan con Raf Simons que, joder, que les encanta la moda, la estudian y están obsesionados con ella. Yo no. Ahora, te diré (sonríe) que la moda la he utilizado bien. Y le presto mucha atención. De hecho en los shoots  soy muy meticuloso con la ropa; yo no permito a un estilista que le ponga lo que sea a mi personaje ¿sabes? No sé si te he contestado a la pregunta.

Te voy a enseñar tres fotografías tuyas y quiero que hablemos de ellas. A qué te recuerdan, si todavía te gustan, si todavía consideras que son buenas para ti, etcétera. (Le enseño la primera). Intuyo por esto que sabes muy bien pedir permiso ¿no? ¿Pedir permiso?

Sí, que tienes que saber convencer a los demás, sobre todo para entrar en una casa ajena, con una familia dentro, y hacerles un reportaje tan personal. ¿Cómo les convenciste? Pues yo creo que con honestidad, o sea, diciéndole a esta pareja desde el principio lo que realmente quería hacer ¿no? Enseñándoles que tenía un, digamos, no solo un objetivo, pero unas intenciones totalmente positivas, que era presentarles de una manera que la gente les pudiese envidiar ¿sabes? Era una pareja que han estado juntos desde que tenían diecisiete años, y el hobby, uno de los hobbies principales que tenían es que ella posa desnuda para él, y lleva cincuenta años posando desnuda para él. Tienen como cien álbumes de ella, digamos, desnuda. Y bueno, con este proyecto aprendí a hacer proyectos. Aprendí lo importante que es que las personas con las que trabajas crean en ti, porque a veces estás tan ocupado que llegas al shooting  y hablas con la modelo y quieres que lo haga todo al momento, y a veces no es siempre así. Y esta foto, todos estas fotos en realidad son como una parte de mí. Este proyecto es como el esqueleto de mi trabajo; este proyecto me enseñó a tirar adelante.

Aprendiste también a moverte en la intimidad de otros ¿no? Porque llegas a una situación a la que no perteneces, como te decía antes, y tienes que documentarla. Y uno tiene que estar a la altura para no perderse entre los nervios. Sí, claro. Hice muchos viajes a su casa. El primero fue un poco tenso porque, bueno, no sabían con toda certeza si se podían fiar de mí. Pero después de que les enviase las primeras fotos, sinceramente, fue increíble, o sea, a partir del segundo viaje yo llegaba y decía “quiero hacer esta foto. Anne, necesito que estés desnuda, necesito que agarres a tu marido así, de esta forma o de aquella”. Y también me conocí a mí mismo, me di cuenta de que yo me siento muy cómodo en estas situaciones, me enseñó que soy una persona muy abierta, que no tengo grandes prejuicios para estas cosas, que es gente que ha hecho el amor delante de mí y que lo veo como un… pues como un regalo ¿no?

Aquí va la segunda imagen. Estas son mis hermanas Ana y Daria. Daria es la que lleva los pantalones azules (se ríe). Con ellas tengo una relación muy cercana; fueron adoptadas cuando tenían cuatro y seis años. Ellas son hermanas de sangre y yo siempre me sentí un poco como un padre, y de hecho soy el padrino de la pequeña. Es una foto que nunca he explicado, porque sé que ha creado… sé que ha habido comentarios un poco negativos, porque la gente cree que hay una connotación sexual inoportuna, digamos. Y no tiene nada que ver con eso, o sea, estaban discutiendo. Son dos niñas que crecieron en un orfanato en Rusia, no sabemos por lo que han tenido que pasar, pero ellas sí lo saben, y son como gemelas ¿no? Que están siempre juntas, siempre discutiendo, pero no pueden vivir la una sin la otra. Entonces fue una foto de “haz esto, no lo quiero hacer, que sí, que lo hagas, que te he dicho que no”, y lo capté. Y fue un poco increíble, porque también hay un cuadro en casa de mis padres, al fondo, que si te fijas está ocurriendo lo mismo (se ríe).

¿Ellas se han visto años después en esas fotos? Sí, ellas las vieron en el momento, creo yo. Pero ellas tampoco es que tengan un gran interés en la fotografía o en el arte. Yo creo que hasta que no le saque fotos a Justin Bieber van a pensar que no soy nadie (se ríe). Quizás la mayor sí se da cuenta, pero es que… les da igual. ¿Y sabes qué? Que me parece de puta madre, porque qué más da a lo que yo me dedique.

Viendo el trabajo que haces ahora no sé si estarás muy contento con la foto que te voy a pasar. Pero quizás viene bien echar la vista atrás. (Se la envío). Esta historia era una historia que define un poco lo que te he contado: mi inocencia con respecto a la fotografía de moda. O sea, me pareció que sería una imagen preciosa poner un poco de ironía en estos shows  y poner a gente mayor a verlos ¿no? Es un shoot  que me gustó en su momento mucho, aunque desafortunadamente pues no tuvimos la producción necesaria para hacerlo al nivel que a mí me hubiese gustado, porque no se ve lo suficientemente real, y eso que las mujeres son reales. Pero bueno, es un shoot  que en su momento me encantó, y me sigue pareciendo que está bien, simplemente que yo ahora me empujo mucho por el sentido de que las cosas sean verdaderas, de que no sean cuestionables, y yo creo que los estilistas, a veces, no comprenden el nivel que… los estilistas suelen comprender la ropa de las modelos, pero raramente comprenden más cosas. No sé si esto es bueno que lo escribas (se ríe). Tendría que haber un poco más de trabajo en esas mujeres ¿me entiendes?

¿Tú te sientes español? Y no hablo de un sentimiento nacionalista, sino de pertenencia a un lugar. ¿Te consideras un fotógrafo español? No (sonríe y trata de aclararlo). A ver, España es un país increíble. Pero aparte de que yo soy muy anti  todo esto, anti  países por decirlo de alguna forma, me gusta ser, aunque sea un cliché, ciudadano del mundo. Me siento muy de mi pueblo, Fiobre, que está a las afueras de A Coruña. Me siento muy conectado con ese sitio, pero tampoco me siento un fotógrafo de Fiobre. Y para nada un fotógrafo español. Porque además no sé lo que significa eso. Por ejemplo, desde mi punto de vista considero a Alberto García-Alix un fotógrafo de los grandes, y aparte de eso un fotógrafo español, porque el trabajo que yo conozco de él es muy sobre España ¿no? Eso no quiere decir que si no trabajas en España o no desarrollas un trabajo sobre España que no seas español. Pero yo no tengo ese sentimiento, en parte porque muy pocas veces he trabajado allí, y porque creo que a mí no me entienden en España. Tampoco me entienden en Londres (se ríe).

Hace tiempo leí una entrevista que le hicieron a Nick Knight y él decía algo que me pareció interesante. Te lo leo: “mi trabajo no ha cambiado con el tiempo. Yo sigo fotografiando a gente a la que no conozco. Y eso es una relación humana. Y puede que la fotografía que haga mañana sea tan mala como las primeras que hice en mi vida, porque no sé lo que puede pasar con esa persona a la que fotografiaré. No creo que mi trabajo sea mejor porque ahora sea más viejo y tenga más experiencia”. ¿Qué opinas de esto? ¿Lo compartes? ¿Te ha pasado lo de acabar un shooting  y pensar “madre mía, esto es peor que lo que hacía de joven”? Porque a mí me pasa con muchas entrevistas, y lo vivo como un drama. Como un verdadero drama (me río). Yo pienso mucho en temas parecidos a estos, porque quiero que mi trabajo siga siendo bueno. Me llama mucho la atención, por ejemplo, el trabajo de los fotógrafos que pierden relevancia, y es algo que hasta cierto punto analizo por qué habrá ocurrido ¿no? Yo lo que creo es que con los años lo que perdemos es inocencia. Y yo, lo que lucho, lo que estoy empezando a luchar es por ir a los shoots  de una manera inocente. Ganar esa inocencia, o recuperarla. Y ahora soy una persona que escucho a todo el mundo. Tengo una ayudante de estudio que es como becaria, digamos, y es una de las personas más importantes en mi vida profesional, porque le pido consejos para todo. Es una chica muy inteligente, muy preparada a pesar de sus veintiún años, y me noto que esa influencia me hace mirar mi trabajo de una manera más inocente, más libre, sin los límites que normalmente nos ponemos, y eso es algo que en parte ayuda a que mi trabajo siga siendo relevante. Yo creo que a veces, también, lo que ocurre es que los gustos cambian con los años ¿no? Y hay muchos fotógrafos que están en moda, que hace quince años su trabajo estaba de puta madre, y que ahora su trabajo sigue siendo bueno, pero ha cambiado el gusto general, ha cambiado la percepción, y empiezas a verlos como mucho más comerciales cuando en realidad siguen haciendo lo mismo que antes.

Hablábamos de Raf Simons y Hedi Slimane, y otro rasgo que compartís es que en Instagram os siguen varios miles de personas, varios K  en lenguaje millennial. En cambio, vosotros, o no seguís a nadie o seguís a una persona, que en tu caso es tu pareja. ¿Por qué tienes Instagram? Porque no creo que te lo pases en grande haciendo scroll  en el timeline. (Se ríe) Bueno, ya no lo miro mucho. Antes seguía a gente y tuve que dejarlo por… (no sabe si decirme la verdad o no) por razones que me parecían un poco negativas. A veces ves el trabajo de la gente y parece que estás viendo tus propias fotos… pero no las has sacado tú. Es algo que acepto, pero me costó verlo en fotógrafos conocidos ¿sabes? Y hubo un día que dije “mejor no seguir a nadie”, porque creo que no se me da el, digamos, el respeto por haber hecho ciertas cosas.