Lleva más de 20 años escribiendo sobre política, economía, música o religión, a partir de una narrativa que para este gallego clarifica (y reúne, según el caso) todo lo anterior

FOTOGRAFÍA: PABLO ZAMORA

 

Tengo la sensación de que a la ropa le está pasando un poco lo mismo que a la cocina, es decir, que las piezas clásicas del vestir se están perdiendo con las generaciones que vienen detrás. Me explico: nuestros abuelos solían arreglarse los domingos para ir a misa; había una práctica, un músculo que se ejercía, al menos, una vez a la semana ¿cierto? Ese ritual ahora se ha relegado a casos puntuales, y el hecho de que se reserve a un momento tan esporádico como una boda, o una ceremonia muy concreta, acaba generando falta de costumbre. También habrá quien piense que esto no es cierto, que todavía hay mucha gente a la que le toca ir a la oficina con traje. Y así es. Pero luego échale un vistazo a Amazon, o a un WeWork, a las empresas que están formateando el mercado y que invitan a sus trabajadores a currar como cuando salen de cañas con sus amigos. ¿Tú qué opinas? ¿Que si se ha perdido? Yo creo que no. Piensa en una cosa: todo eso que dices tú de que antes la gente se vestía tal y cual… tú lo has dicho, se vestían para el domingo. O sea, lo de vestir de domingo, de hecho, se ha quedado como una expresión, y ya ha llegado a tener incluso una connotación un poco negativa. Lo que tenemos que hacer es también ver… hay que saber lo que ha pasado para poder hablar de lo que está pasando y de lo que puede llegar a pasar; tienes que intentar remitirte siempre al pasado ¿no? Vestirse o arreglarse, lo que los ingleses llaman el dress up, que es un concepto que ellos siempre han tenido ahí y que funciona muy bien como expresión, tiene que ver con una manera de mostrar… no sé si es dignidad, pero sí posición. Piensa en los mods  de finales de los cincuenta, principios de los sesenta. Fue, digamos, la primera vez que surge un poco la conciencia de lo que es ser adolescente, y adolescente como grupo demográfico que tiene acceso a pasta, a dinero. Hay una cita de Absolute Beginners  (el libro que Colin MacInnes publicó en 1959) que dice “de repente, los niños ya no eran niños, eran adolescentes y tenían dinero, y cuando hay dinero hay problemas”. Digamos que estos tíos, que tienen trabajo, el dinero que ganan se lo gastan en hacerse un traje. Esa era la dinámica del mod, y luego ya estaba el tema de las anfetaminas para poder bailar toda la noche al ritmo de soul  y R&B  (lo piensa). Yo creo que esa mentalidad todavía sigue existiendo, y hay mucha gente que se compra su traje y corbata, pues eso, lo que tú dices, para un momento determinado. ¿Hoy qué ocurre? Pues que sí, que un cierto tipo de empresas, americanas, imponen otra dinámica en todo, incluso en el vestir. Y a mí no me parece mal esto de que cada uno en el curro se vista como quiera, al contrario, me parece que está muy bien. Pero creo que tiene un significado y que se hace por algo, y no sé si estoy muy seguro de si es una cuestión de acercar el trabajador al patrón. Yo no lo creo, igual porque soy muy cínico y siempre pienso que hay algo detrás (se ríe). Luego piensa también en la situación que estamos viviendo y en cómo es hoy la sociedad y hacia dónde se mueve: cada vez es más conservadora.

Hablemos de Raf Simons, ¿te parece? Lo que tú quieras.

Su desfile, el de primavera-verano 2020, lo hizo en un pabellón de deportes a las afueras de París. En vez de trajes y corbatas, lo que había eran sudaderas estampadas con la palabra support, guantes de limpieza nuclear tipo los que se utilizaron durante el Prestige y batas de médico. En el Financial Times  decían esto, te lo traduzco: “Sus modelos deambulaban por ahí con harapos que parecían sacados de un apocalipsis (…). Simons no habló al acabar, pero el desfile ya hablaba por él. No de Calvin Klein específicamente, sino de su opinión sobre las grandes corporaciones en general”. Aquí hay dos opciones: se puede pensar que la culpa fue suya por no poder, o no querer, adaptarse a la empresa que le había contratado, o que el error lo cometió el empresario por no haber previsto que un diseñador-concepto como Simons no encajaría en un cliente como el de Calvin Klein. Pero eso es lo de siempre, y sobre todo es lo que ocurre en moda. Quiero decirte, yo creo que, salvo contadas excepciones, mucha gente de los que tienen el poder, los CEOs o presidentes o consejeros delegados, o como quieras llamar a quien esté al cargo de la empresa y tenga que decidir a quién contratar como director creativo o diseñador, a veces no sabe lo que tiene entre las manos. Simplemente se guía por… bueno, pues porque hay un nombre que suena, que es el que está en boca de todo el mundo, y piensa “oye, pues lo contrato porque, igual, me llena las arcas”. Pues oiga, igual puede ser un error ¿no? No lo sé, a mí estas cosas siempre se me escapan un poco (lo analiza). Si lo piensas, desde que se anunció el famoso momento en que Gucci rompió la barrera de los 6.000 millones de euros que había facturado en el año 2017 (concretamente, 6,2 billones), todos se volvieron locos, porque ninguna marca de ese palo, del mundo del lujo, estaba facturando tanto. A ver, nunca se sabe, el grupo LVMH no suele desglosar los beneficios de sus marcas por separado; ellos te dicen “hemos ganado tanto y nuestros beneficios brutos o netos son tal y cual por año”. Nunca te dicen lo que ha sido, por ejemplo, un Louis Vuitton o un Dior, o lo que sea. Entonces, en el momento en que, eso, Kering saca pecho y anuncia que lo está petando, todo el mundo quiere un (Alessandro) Michele, todo el mundo quiere un Gucci, todo el mundo dice “bueno, pues si Gucci está haciendo esto, que para muchos es el horror y el espanto del averno, vamos a hacer cosas feas y de señora loca de los gatos”. Y se va por ahí (vuelve al tema de la pregunta). A Simons le ha pasado una cosa muy curiosa, que es que, en un momento dado, él no significaba nada, en París siquiera. O sea, tú hablabas de Raf Simons en París, te estoy hablando de antes de que él entrara en Jil Sander, y a la gente era como que “pues sí, un belga de estos”. No tiene tiendas propias, fíjate en eso. Es un tío que, bueno, siempre ha funcionado como ha querido. Luego es verdad que es muy llorón, y él en principio es el que se va de Dior: dice que ya no aguanta más, que está hasta el culo de la presión, se queja de que no tiene tiempo para desarrollar las colecciones y bla, bla, bla. Tío, ¿pa  qué te metes? ¿Tú has visto el documental Dior and I?

¿Esa escena del cabreo? Sí, ese momento en que se china porque la otra (Florence Chehet, la supervisora del taller de costura de la firma francesa) se ha ido a Nueva York a vestir a una señorona… Oiga usted, ¿no sabe en qué casa está trabajando? ¿Usted no sabe de dónde viene parte de la pasta? Pues cállese (se ríe). Ahí, en principio, el error fue él. Fíjate, yo siempre he pensado una cosa: yo creo que acepta ese tipo de trabajos, un Jil Sander, un Dior o un Calvin Klein, porque es la manera en la que se financia su propia marca, es decir, “cojo el dinero y corro”. En este caso, en Calvin Klein, pues a lo mejor se tuvo que ir antes de lo previsto… vamos, que le echaron. Pero digamos que él, yo creo, lo que está haciendo es eso de “me meto aquí y araño lo que puedo, porque si no, ¿de qué rayos mantengo yo mi marca?”. Te lo pregunto a ti: ¿Raf Simons, como marca, es rentable? ¿Se la compran cuatro raperos, cinco, seis? No lo sé. ¿Tú ves a la gente por ahí vestida de Raf Simons? Se ve algo cuando vas a desfiles y tal, pero esto es lo de siempre: ¿se lo habrá comprado en un outlet? ¿Se lo habrán regalado? ¿Se habrá ido a la venta especial? Sinceramente, es una marca que, en términos económicos, es complicada de discernir. Pero oye, que igual me equivoco. Seguramente. Yo me alegraría si ahora mismo le fuese de puta madre y estuviera ganando lo más grande. Pero, ya te digo, creo que él es un tipo que no… a mí siempre me ha parecido un poco opaco.

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AL SALIR DE LA REDACCIÓN, EN EL PUENTE DE JUAN BRAVO (MADRID), RAFA LLEVA CAMISA, PANTALONES Y ZAPATILLAS GUCCI.

¿En qué sentido? En todos. O sea, no es transparente, nunca me lo ha parecido. Esto no es una crítica y tampoco quiero que suene como tal, pero durante mucho tiempo él jugó la baza de que era el diseñador heterosexual haciendo un tipo de moda… (lo contextualiza) Te estoy hablando de cuando montó la exposición aquella del cuarto sexo (se titulaba The Fourth Sex: Adolescent Extremes  y la presentó en Pitti Uomo en 2003), con todo el rollo de la androginia (“Teenagers are not little boys or little girls, and they are not yet men or women. They are part of a parallel, fluid universe in a state of becoming”), justo cuando supuestamente estaba liado con Veronique Branquinho y luego se puso a hacer ropa de mujer, que fue cuando empezó con Jil Sander. Y, de repente, es como que todo aquello era mentira ¿no? No sé, no puedo cuestionarlo porque no sé sus circunstancias, pero siempre ha sido un tío complicado. Es belga (se ríe).

¿Sueles cambiar de opinión? Depende. Si alguien me hace ver que mi opinión es errónea, pues sí, claro, no tengo ningún problema en cambiar de opinión.

Vale, pero puede que te haya ocurrido lo de ponerte a leer algún texto que escribiste hace mil y pensar “pues vaya, no estoy de acuerdo con eso que dije”. No. Cuando yo leo… si releeo un texto mío viejuno no tengo por qué estar en desacuerdo. Otra cosa es que pueda decir “pues igual lo hubiera escrito de otra manera”, es posible. “O igual no habría ido por aquí y habría ido por allá”. No lo sé, tampoco me preocupa. Pero vamos, que lo que pienso lo pienso desde pequeño, y es más, con los años cada vez soy más radical en mis opiniones, por decirlo de alguna manera. Pero no, no es que tenga ese conflicto con mis textos.

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DESPUÉS DE ESTE NÚMERO, HEDI SLIMANE VOLVIÓ A COLABORAR EN LA REVISTA QUE FUNDARON LOLA FERNÁNDEZ, ALEJANDRA YÁÑEZ Y RAFA RODRÍGUEZ, CON LOGO Y MAQUETA DE DIEGO ARESO (ACTUAL DIRECTOR DE ARTE DE EL PAÍS SEMANAL). EL RESULTADO NUNCA LLEGÓ A LOS QUIOSCOS: LA ANDADURA DE FAKE  FINIQUITÓ, POR MOTIVOS PERSONALES DE SUS AUTORES, AL MISMO TIEMPO QUE SE ULTIMABA EN 2008 EL NÚMERO 13, EAT THE RICH.

En 2003 nació la revista Fake  (era gratuita, tanto en España como en sus puntos de distribución internacional: París, Londres, Florencia, Milán, Nueva York y, a veces, Los Ángeles). Sacasteis al club kid  Michael Alig cuando todavía cumplía una condena de 17 años por matar a su camello (la entrevista se la hizo el periodista Juan Sardá en la sala de visitas de la cárcel de Attica, en el Estado de Nueva York). La portada de Bernhard Willhelm, la que fotografió Daniel Riera, hoy forma parte de los archivos del MoMu de Amberes. Y hubo un número, el noveno, que lo editó Hedi Slimane (a partir del porfolio que preparaba para el libro London birth of a cult, sobre el post-britpop  con Pete Doherty y su nuevo grupo de entonces, Babyshambles). De hecho, tú le hiciste la primera entrevista que concedió en nuestro país (se publicó en La Luna  en octubre de 2001). Comentemos su trabajo. ¿No te parece que siempre ha sido mejor fotógrafo que diseñador? Digamos que lo veo un poco a la par. ¿Si es buen diseñador? Él hace muy bien lo que hace. No sé si eso significa que es buen diseñador o no, pero yo creo que todo lo que hace lo hace muy bien. Y, en ese sentido, creo que es un tío honesto. Además, el tipo supo dar el clavo cuando presentó la silueta que presentó en Dior Homme (la describió en aquella entrevista: “Cortadas con precisión quirúrgica, juvenilmente proporcionadas, desnudas de superficialidad, las prendas llamadas a desfile hablaban un lenguaje desconocido desde el cuerpo de los modelos. El lenguaje de la costura. Cualquier concepto asociado hasta la fecha a la ropa de hombre quedaba entonces reducido a cenizas: presunta funcionalidad, presunto confort, presunta utilidad, gran vulgaridad (…). Tal ha sido la vehemencia de la demanda, que Dior no ha tenido más remedio que reproducir las prendas de su actual colección de hombre en tallaje femenino”). Y la cuestión, si te fijas, es que a día de hoy, y han pasado 20 años, seguimos instalados prácticamente en la misma silueta. En ese sentido, joder, el tío ha hecho historia. Con lo cual, eso ya es para tenerle un respeto.

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EL NÚMERO 11 DE FAKE  SE TITULABA QUINCALLA  Y TUVO DOS EDICIONES. PARA LA ESPAÑOLA SE COMPARABA EN TÉRMINOS DE CELEBRIDAD A RAQUEL MOSQUERA (EN LA PORTADA CONVENCIONAL, RECIÉN SALIDA DE LA CLÍNICA LÓPEZ IBOR VISTIENDO UN LOEWE VERDADERO) CON KATE MOSS DESNUDA EN LA PLAYA (AL PASAR LA PÁGINA, EN UNA CUBIERTA INTERIOR DOBLE), FOTOGRAFIADA POR TERRY RICHARDSON. “LO QUE VENÍAMOS A DECIR”, EXPLICA RAFA, “ES QUE ERAN DOS EJEMPLOS DE LO QUE SIGNIFICABA LA FAMA EN AQUEL MOMENTO, Y QUE TAN DISRUPTIVA Y REBELDE PODÍA PARECER LA UNA COMO LA OTRA”. LA EDICIÓN INTERNACIONAL LLEVABA EN PORTADA UNA FOTOGRAFÍA QUE HIZO JEREMY SCOTT. CUANDO SE AGOTARON LOS EJEMPLARES, VARIAS GALERÍAS DE NUEVA YORK LE PIDIERON AL EQUIPO DE LA REVISTA, TEXTUALMENTE, “LA PORTADA DE LA SEÑORA EXTRAÑA”.

Recuerdo que Slimane colgó en su web-diario una foto que le había hecho a una botella de vodka del Mercadona en el FIB de Benicàssim, que aquello se parecía a un perfume de los caros, cuando realmente era lo que solíamos beber durante el instituto, en medio de un descampado, escondiéndonos de la policía. Y lo mismo me pasa con sus looks: te presenta unos vaqueros con una chupa de cuero y te hace creer que lo que ves es un lujo inalcanzable. Si hablamos de lo que es ser un buen diseñador, lo que tú dices yo no creo que sea de ser bueno. O sea, no es tanto que algo te pueda parecer un producto de más o menos lujo. Más bien… ¿Sabes esta cosa de capturar la esencia y transmitirla en una prenda? Eso, creo, es lo que de verdad convierte a alguien en un buen diseñador, que de repente pueda capturar la energía que hay en la calle (Slimane lo confirmó en la entrevista: “Lo cierto es que uno termina haciendo su propia síntesis del momento. Al final, hay tantas polaroids diferentes como diseñadores que hacen la foto”). Porque él, en realidad, como muchos otros, como Simons mismo, no ha inventado nada. Esto lo ve él, es una cosa que sales a la calle y lo ves, y siempre habrá alguien que tenga una manera de vestir determinada que te llame la atención, por cualquier circunstancia, porque esa persona, pues no sé, tiene un algo. Llámalo, como se decía en el principio de los tiempos, tener eso, tener el it. Y este tipo de creadores son capaces de verlo, y luego además te lo traducen (recapitula). Lo que él también hizo fue, digamos, aplicar un poco el lenguaje de la alta costura a las colecciones masculinas, o a la forma en que se comunicaban esas prendas con el cuerpo del hombre, que eran muy distintas; el diálogo que se establecía ahí, lo que tú estabas viendo, era distinto. Había un tipo de fluidez que antes no existía.

Pues ya están todas las preguntas (se apaga la grabadora). ¿En serio? A mí me hubiera gustado que me preguntaras por las revistas de ahora.

Tenemos tiempo todavía. (Durante unos 15 minutos recuerda Blogueras de mierda, el blog en formato epistolar que le ayudó, entre 2013 y 2015, bajo el pseudónimo de Mr. Smith, a desgranar el escenario de las revistas de moda con Lola Fernández, Madame Doe, con la que empezó a compartir oficio en La Luna. Mientras la grabadora sigue apagada, el periodista también habla de esa época, y de la portada sin precedentes que consiguió a principios de este siglo).

Voy a poner la grabadora otra vez. ¡No! Bueno, haz lo que quieras, tampoco voy a contarte nada que no se pueda decir. No sé si sabes esa historia: Tamara Seisdedos, la actual Yurena, fue portada de La Luna, que no sé si la llegaste a conocer.

¿De qué años en concreto estamos hablando? Entre 1998 y 2003.

Me pilló en el instituto. Bueno, Tentaciones  (el suplemento adolescente de El País  que se editó en papel desde 1993 hasta 2017, con un parón de 12 años entre medias) sí lo conocías ¿no? Pues La Luna  era lo mismo pero en El Mundo, y éramos todavía más radicales de lo que nunca pudieran haber sido los Tentaciones  (se para a pensarlo). Me acuerdo, para que veas hasta dónde llegaba la cosa, que había mucha gente que se compraba el periódico los viernes (simula que arroja algo al suelo), tiraba el periódico y se quedaba con el suplemento (se ríe). Total, que el número 100 coincidió justo con el momento de máxima expectación o popularidad de fenómenos freak  en España, con Paco Porras, Leonardo Dantés, Tony Genil y Tamara. Y yo recuerdo que estaba preparando un tema, y te hablo justo del año 2000, que era como un poco sobre el rollo de los 80. O sea, estábamos hablando de que “¡oh, vuelven los 80!”, que llevan volviendo desde los mismos años 80. El tema es que yo no acababa de encontrar una modelo que me diese el perfil, y de repente dije “hostia, pues a lo mejor esta tía sí me puede encarnar lo que yo quiero que encarne”. Conseguí su número de teléfono, la llamé, me pidió pasta, le dije… pues que no, chica, que no tengo dinero para pagarte. Que si quieres hacerte las fotos, pues yo encantado de la vida, y si no, pues nada, thank you bye.

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EN EL AÑO 2000, RAFA INTRODUCÍA A TAMARA SEISDEDOS ASÍ: “ES LO MÁS PUNK QUE LE HA PASADO A ESTE PAÍS EN MUCHO TIEMPO. UN ESCUPITAJO CERTERO A LA CARA DE LOS BIENPENSANTES, UN ATAQUE CONTRA LA TONTERÍA EN LA QUE ESTAMOS TAN FELIZMENTE INSTALADOS, UNA REVUELTA ANTISISTEMA CUAJADA DE FRASES MEMORABLES COMO NO SE OÍAN EN 20 AÑOS: “SOY ADICTA A LA LACA” (SUPERA ESO, MCNAMARA). Y LO MEJOR ES QUE ESTA REVOLUCIÓN ESTÁ SIENDO TELEVISADA”. LAS FOTOS DEL REPORTAJE, ENTRE LAS QUE SE INCLUYE LA PORTADA DE ARRIBA, LAS FIRMÓ (A COLOR) ÁLVARO VILLARRUBIA.

Pero al final aceptó ¿no? Sí, sí. Pero esto iba a ser un editorial de moda, punto pelota. Que sí, que era el número 100 y la cosa tenía su gracia, porque lo hacíamos con Tamara, con una cierta ironía, porque al fin y al cabo era un acercamiento irónico a una manera de entender un estilo o una moda, y ella tenía ese punto. Pero, claro, pues tú te enteras de que están pinchando su maqueta en el Nasti (el histórico club madrileño en San Vicente Ferrer, Malasaña), que la gente se vuelve loca cuando pinchan el A por ti, y que acaba de fichar por un sello, el mismo que llevaba a la Mala Rodríguez, y que están preparándole un disco en el que van a intervenir los más grandes compositores, músicos y letristas de este país, en términos de pop ¿no? Desde Nacho Canut hasta el Genís (Segarra) de Astrud, Ibon Errazkin y Teresa Iturrioz del grupo (ya disuelto) Le Mans…  Era un notición. Que un personaje de este calado, que la gente piensa que es basura, de repente vaya a grabar un disco de este calibre, pues es noticia.

¿Y os dejaron sacarla en portada? ¿Así, sin más? A ver, al jefe superior de suplementos y revistas le avisé, que no supiese quién era Tamara no es mi culpa (se ríe). Ahora, cuando apareció aquello en portada… se lio. Lo típico que los periódicos solían hacer, no sé si lo siguen haciendo o no, era una llamada de media página, un faldón, recordándole al lector lo que va a salir en el próximo suplemento. En este caso se hizo una página entera con aquel careto de aquella señora. ¿Qué pasó? Ese viernes El Mundo  se vendió un 30% más, que eso es una brutalidad. A mí me llamaron hasta del programa de Ana Rosa para que entrara a hablar por teléfono en una especie de debate de los que montan allí. Fue un gran revulsivo. Creo que eso… o sea, que esa señora, con lo que significaba y el valor que podía tener, de repente apareciera en un medio como aquel, joder, fue para colgarse una medalla. Y la entrevista, si te la lees, pues es una señora hablando de sus inquietudes artísticas, de lo que ella quería ser. Había otra pieza en la que distintos personajes de aquel momento, de actualidad o relevantes en la música, hacían comentarios favorables hacia la chica. Entre ellos, una Alaska o una Massiel, o unos Locking Shocking cuando todavía estaban juntos. O como cuando Canut decía “es que es la nueva Bowie”, no solo porque te pudiese recordar al Bowie Ziggy Stardust  o el de Aladdin Sane  con aquel corte de pelo y el color, sino por lo que podía significar culturalmente ¿no? Luego tuvo más repercusiones en términos también de moda… para mal. Porque, bueno, en la portada ella aparecía con una gargantilla de Chanel, y a mí me dijeron que en Chanel las clientas empezaron a devolver las cosas (se ríe). No sé, me parece bien que sucediera todo aquello en aquel momento ¿sabes? ¿Por qué no llevar a un personaje de ese calado a la portada de un medio de comunicación equis  con un supuesto prestigio intelectual o cultural? Yo creo que se puede hacer si sabes llevártelo a tu terreno, y creo que fue lo que se hizo en este caso.

Pongamos que en el 2020 se dan las mismas circunstancias. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que si llevaría a Chabelita o un personaje de ese estilo a un medio mainstream? En según qué condiciones, sí, por qué no. No de cualquier manera, y no porque esté en un reality  o apareciendo en la tele, porque no, no va de eso. Al fin y al cabo se trata de… si tú diriges una publicación tienes que tener un criterio, o una visión, por supuesto teniendo en cuenta qué significa esa cabecera y quiénes son los lectores que, de alguna manera, pueden serle fieles. Pongamos de ejemplo Harper’s Bazaar  (de la que Rafa fue redactor jefe). Harper’s  se beneficia de lo que significa Harper’s, si no desde que nació, sí desde que una directora como Carmel Snow la posicionó donde tenía que posicionarse, y luego significó lo que significó. Entonces, ¿yo qué podría hacer en un tipo de revista así si la tuviese en mis manos? A veces bromeaba con eso de decir “pues yo llevaría a Chabelita a la portada de Harper’s” (lo piensa). No sé si lo hubiera hecho en realidad ¿vale? A ver, internamente sí, a lo mejor me hubiera empeñado y podría haberlo hecho ¿no? Bueno, quizá no digo Chabelita, o sea, no sería Chabelita pero sí alguien de ese estilo.

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¿Una Tamara Falcó? Sí, pero Tamara no sé si ha sido alguna vez portada (lo analiza y se da cuenta de que no). No, no lo ha sido. Tamara puede ser la portada de un Hola, de un Vanity Fair, puede ser la portada de un… de un Telva  si me apuras.

¿Y por qué Chabelita sí? Porque significa otra cosa. A ver, esto es complicado. Es cierto que Tamara, por quien es y por lo que pueda significar, puede ser más cercana a Harper’s. Como idea de refinamiento, de elegancia, de un nivel… evidentemente, Tamara Falcó es una tía que puede parecer lo que tú quieras, pero tonta no es en absoluto. Es una tía formada, es una tía que tiene un criterio y sabe de lo que habla. Chabelita a lo mejor, o sea, Isabel…

¿Junior? Eso, Junior (se ríe). Igual, bueno, no sé si está tan formada o no, y no tiene esta aura… Seamos claros: su madre es otra. Todo esto viene por las madres. Pero en términos culturales en España, en realidad, ¿quién tiene una significación más fuerte o más profunda? Hablemos de apellidos, ¿Presley o Pantoja? Y es muy curioso porque empiezan los dos por pe, es el PP español. Entonces, decide, ¿Presley o Pantoja? Aquí hay presupuestos, factores de clase sobre todo, que son los que ponen la frontera. Podríamos estar hablando de que es casi como un retrato de España. O sea, cada pe está en un polo distinto y cada una significa una cosa, aunque luego, a lo mejor, pueden significar lo mismo ¿no?

Lo dejamos aquí, si te parece. Pues sí, porque además yo me tengo que ir. ¿Qué hora es?