Mientras que la cirugía estética compita contra el ‘contouring’, siempre habrá alguien que defienda el minimalismo facial

FOTOGRAFÍA: DANIEL RIERA

Todo lo que toca Vivienne Westwood se convierte en oro, en cabeceras satíricas para lectoras naíf, en tsunamis mediáticos de Instagram. Desde luego, la diseñadora británica sabe cómo hacer rentable cualquier irreverencia octogenaria. En su colección para hombre de 2011, por ejemplo, aparecía con su discípulo y mano derecha, el austríaco Andreas Kronthaler. Los dos saludaban a cámara maquillados como si fueran los últimos supervivientes del punk de los setenta. Los resistentes de Camden Town. Pero detrás de aquella escena revival también había un español. Pep Gay (Barcelona, 1968) hizo contactos mientras maquillaba a las modelos de la New York Fashion Week. Y claro, una cosa llevó a la otra. Luego vinieron portadas con actrices, editoriales con tops que también deseaban aparecer en portadas, y más campañas, esta vez con Alexander Wang y Balenciaga. No hay duda de que los planes le han salido redondos a este tipo que siempre lleva coleta y viste de negro, aunque falta mencionar un pequeñísimo detalle: ¿alguien conoce a Pep Gay en España?

Cuando llegaste a Nueva York, en 1994, tenías la costumbre de entrar al metro para observar a la gente. ¿Recuerdas a alguien que te marcara? No, pero lo que sí me marcó fue el darme cuenta de la cantidad de tonalidades de piel que había, incluso dentro de las razas afroamericanas y asiáticas. Y eso me hizo entender que los productos que ofrecía el mercado no eran suficientes, al menos en aquella época. Entonces, claro, ahí empezó toda una búsqueda por mi parte; quería que en mi kit de maquillaje hubiese una variedad de colores, de intensidades, lo más amplia posible.

Te voy a enseñar una portada del Wall Street Journal en la que maquillaste a Anjelica Huston, allá por el 2012. ¿Qué es lo que siente uno el día de antes? Bueno, primero es curiosidad, más que nerviosismo. Sí, lo que siento es curiosidad. Ya no suelo ponerme nervioso; creo que mi cabeza tiene un mecanismo que bloquea todas esas cosas. Y estoy muy enfocado en conocer a la persona, en conectar con ella. Me centro más en intentar aportar algo diferente, que ya es difícil con alguien sobre todo como Anjelica Huston, que ha pasado de modelo a súper actriz, y ha sido maquillada, fotografiada y filmada por iconos de lo que es el mundo del cine y de la moda. Entonces, sí, estoy más centrado en eso, en conectar con los personajes e intentar aportarles algo.

¿Es complicado? ¿Si es complicado? La verdad es que… (busca varios argumentos y se desespera). Déjame empezar de nuevo. Es complicado porque en nuestra cabeza tenemos una imagen de ellos que no se ajusta a la realidad. Y luego, porque no hay filtros. O sea, yo vi la cara de Anjelica, entre comillas, desnuda, como cualquier otro personaje al que le hago el maquillaje, entonces se te derrumban, digamos, todas esas percepciones, todas esas ideas que tú tenías antes sobre ellos, y tienes que empezar de cero y añadir tu visión, claro.

Déjame que te enseñe otra fotografía. Esta es del 2015, de la revista Interview, y el pintor Kris Knight aparece hecho un cuadro, literalmente. (Sonríe).

Sonríes porque estás orgulloso, me imagino. Pues sí, porque aquello fue como pintar a un pintor. Es curioso, la idea de este maquillaje estuvo un poco basada en otro pintor alemán; ahora me estoy intentando acordar del nombre… (recurre a la sabiduría de Google). ¡Lo tengo! Se llama Frank Auerbach. Su trabajo no tiene nada que ver con el de Kris, porque su pintura es mucho más realista, pero yo quería, otra vez, intentar empujar lo que es la caja del maquillaje. Empujar un poco lo que es tomar el retrato de alguien, que es en todo lo que se basa mi trabajo, en ver qué pasa si empujamos un poco más. A ver qué ocurre ¿no? Y fue muy divertido, porque cuando él vio la idea, cuando vio hacia dónde iba yo, se entregó como sujeto. Y eso fue muy gratificante.

Se sentiría como la gente a la que él retrata ¿no? Bueno, fíjate, con Kris me puse hasta un poco más nervioso que con Anjelica, porque para mí fue eso, el pensar “madre mía, estoy pintando a un pintor”. Y yo nunca digo “pintando”; siempre hablo de maquillaje, no de pinturas. Pero en este caso la idea era pintarle la cara. O sea, que el maquillaje se pareciera más a una pintura que a un maquillaje. Entonces para mí fue como un reto, y un poco como un precipicio, porque estás ahí con alguien que sabes que entiende, que pilota, y tú te estás metiendo en sus botas, en su propio terreno.

Los que nos lean pensarán “vaya pregunta”, pero necesito hacértela, de veras. ¿Hay mucha diferencia entre un pintor y un maquillador? Puf, muchísima. Lo que hace un maquillador no tiene mucho que ver con pintar un cuadro. Primero, por la manera con la que enfocamos el trabajo. Yo creo que esa es la diferencia más grande. Nosotros enfocamos, o yo por lo menos enfoco el maquillaje, no desde un punto de vista artístico, sino de hacer algo bello. Incluso aunque mi trabajo esté llevado al límite o sea muy raro, para mí siempre es importante mantener un balance con la belleza. En inglés, ‘maquillador’ se traduce como make-up artist, por eso creo que mucha gente se piensa que todo esto es una manera de hacer arte, pero no lo es, porque no es mi intención. Si yo hiciera maquillaje como el que me has enseñado ahora, en el caso de Kris para Interview, posiblemente no acabaría en las páginas de una revista; acabaría fotografiado y enmarcado en una colección de otros retratos, que hubiese hecho con un mensaje preliminar, y que hubiese querido exponer en una galería. Pero ya te digo, nada de lo que hago es arte, lo que pasa es que estoy empujando un poco los resortes del maquillaje para ver hasta dónde pueden llegar.

Al parecer, el rojo es una constante en tu trabajo. Recuerdo que de pequeño, siempre que me preguntaban cuál era mi color favorito, yo decía el rojo, porque era el color del pintalabios que utilizaba mi madre para las ocasiones especiales. Es curioso que los colores muevan sentimientos dentro de ti ¿verdad? De alguna manera están conectados en nuestro inconsciente, y no sabes por qué, pero hay algunos que te atraen y otros que no. Y nos cuesta mucho saber cuáles son esos colores con los que estamos físicamente conectados. Nos ha pasado muchas veces a todos: te vas de compras, estás buscando un suéter, te pruebas más de veinte y te das cuenta de que hay algunos colores que no funcionan. Es muy interesante. Yo creo que el color todavía está poco valorado en el maquillaje, en la moda… bueno, en la sociedad en general.

Y sin embargo, tú siempre vistes de negro. Sí, porque es un color base. Para mí es como un uniforme, es una manera de no implicarme. Es una manera también de facilitarme las cosas.

Pero un uniforme que lo llevas siempre, estés o no trabajando. Sí, a ver, el color es el mismo, pero cambian un poco las siluetas. Cambian las formas. Un día llevas un pantalón más ajustado, otro día lo llevas más ancho. O un día llevas unas botas y otro día unas bambas.

¿Qué opinas de la cirugía estética? No estoy en contra. Cada uno tiene que hacer lo que le venga en gana. Pero que no esté en contra no quiere decir que esté a favor. Es una lástima que se haya vuelto un producto de consumo. Si yo tuviese que pensar en la cirugía, sería más un producto al que accedería en caso de emergencia, de necesidad. Pues no sé, por ejemplo, unas bolsas exageradas debajo de los ojos. Ahora bien, hay mucha gente que llega a una edad, se opera estéticamente y se hace barbaridades, y lo último que consigue es rejuvenecerse. Y de alguna manera también caen en una uniformidad, porque ves a mujeres que se han operado los labios y parece que sean primas entre ellas, que sean familia ¿no? Y esa es la uniformidad de la que yo reniego en mi trabajo. Siempre intento escaparme de ahí.

¿No lo ves como un acto de cobardía? Porque muchas veces operarse supone no saber aceptar que te estás haciendo mayor. Pues mira, a los que puedan decir que es un acto de cobardía, habría que decirles “ya me gustaría verte en la misma situación”. ¿Cómo sabemos que cuando lleguemos a ese punto de no retorno, que ves que las cosas se te caen, la nariz te crece o el labio se te hace pequeño, cómo sabemos si vamos a reaccionar de una manera positiva y de aceptación, o vamos a volvernos más negativos? No es fácil enfrentarte a ese proceso natural de la vida… A ver, sin juzgar a la gente que se hace cirugía, yo no la recomiendo personalmente. Creo que es una manera de borrar los signos de tu paso por la vida; el querer sacar todas esas huellas es un poco el querer sacar tu historia. Lo que pasa es que, claro, es un tema difícil, porque cómo sabes tú, llegado ese momento, que vas a ser capaz de aceptarte. Cuesta mucho reconocer que el tiempo pasa, que nos hacemos mayores, que no somos los de antes. Y sobre todo en la mujer, la pérdida de la sensualidad, de la sexualidad, es un factor muy importante, más que en el hombre, porque parece que un hombre con canas sigue siendo un hombre sexy. En cambio, una mujer con canas da la sensación de vieja, de descuidada, de que no se cuida ni se quiere. Es muy típico, se oye mucho, y yo creo que ahí está la diferencia.

¿Te molesta que nadie te conozca en España? Esta pregunta es muy interesante. ¿Me molesta? Sí, te voy a ser sincero. Claro que me molesta, pero no desde un punto de vista egocéntrico, del ego, sino desde el punto de vista de que las nuevas generaciones, tanto de maquilladores como del mundo de la moda en España, no puedan tener referentes, que yo creo que es lo más importante que una persona puede tener cuando está en su aprendizaje. O sea, ¿cómo pretendemos evolucionar como país, en la moda, y seguir manteniendo una voz, si ni siquiera tenemos unos buenos referentes nacionales? Eso es lo que nos diferencia de Francia, Inglaterra o de Estados Unidos, que en los últimos quince años ha hecho un muy buen trabajo promocionando a sus artistas locales. Y por eso ha llegado a cotas más altas, y por eso su negocio ha evolucionado, cosa que en España veo que está un poco limitado.

Háblame de Barry Kamen. ¿Ha significado mucho para ti? Muchísimo. Él fue una influencia mía cuando yo tenía, no sé, pues 16, 17 o 18 años. Él fue el precursor del Buffalo en Inglaterra y de toda su estética. Barry Kamen fue el que me descubrió la moda, el que me abrió las puertas. Y fíjate, nunca llegamos a coincidir en el trabajo, pero sí nos comunicábamos vía Instagram.

¿Queda pendiente trabajar con Tim Walker? ¡Ya lo he hecho! Yo trabajé con él a finales de los noventa, para cosas comerciales más que nada, pero he tenido la oportunidad de conocerle. Y bueno, Tim es fabuloso, es una persona muy accesible, y pienso que ha llevado la fotografía de moda a un sitio más allá, a parte de que su estilo es muy fácil de identificar. También muy difícil de copiar. Muchas personas han intentado imitarle, pero casi nadie lo ha conseguido.

Puede que en eso consista todo, en hacer algo aparentemente fácil y que luego sea inalcanzable ¿no? Tú mismo te has respondido (sonríe).