Ni Roma se hizo en un día ni la marca ‘Made in Italy’ interesó de la noche a la mañana. Lo que sí se ha conseguido en apenas media hora es que la comisaria de diseño del MoMA reflote la imagen de su imperio natal

FOTOGRAFÍA: ALEX CASCALLANA

A veces tengo la sensación de que vivimos en un videojuego de Los Sims, de que las ciudades están diseñadas por unos pocos, que son los que manejan el teclado del ordenador, y ellos marcan el ritmo y la forma con la que nos movemos. Pienso en esto, sobre todo, cuando espero delante de un semáforo varios minutos y luego tengo que cruzar la calle, deprisa y corriendo, en cuestión de segundos. O cuando necesito ir al baño y no encuentro ningún espacio público al que acudir, o cuando tienes sed y es prácticamente imposible dar con una fuente de agua potable. En Madrid, además, los bancos en las paradas de autobús están diseñados de tal manera que ningún vagabundo, ante una noche de tormenta, se pueda tumbar en ellos. Y al final estas situaciones me hacen pensar que el diseñador urbano, su figura, es como ese jugador que le quita la escalera de la piscina a los Sims: un verdadero desalmado. ¿Tú piensas en el diseño urbano en esos términos? ¿Hay un cierto grado de crueldad o es una conspiración de alguien que, como yo, está enfadado con el mundo?  ¡Por supuesto que no! Creo que los ejemplos que has dicho pasan muy a menudo; han pasado muy a menudo a lo largo de nuestra historia. Siempre que se ha impuesto un régimen autoritario el diseño no tenía nada que ver con los ciudadanos, sino con transmitir esa idea de poder y de la sociedad como sirvienta, como chacha  ¿no? Y creo que con la llegada de las democracias esperábamos que las cosas empezaran a diseñarse pensando en la gente, que estuvieran hechas para la gente, pero es una idea relativamente nueva y no necesariamente bien respaldada. Fíjate, me atrevería a decir que la mayoría de las ciudades del mundo no están diseñadas para la ciudadanía.

Dime ejemplos. Bueno, estaba pensando, por ejemplo, en París, cuando Haussmann abrió aquellas enormes avenidas para que el ejército pudiera circular con facilidad y controlar a los ciudadanos. Y lo mismo diría de cualquier ciudad que fue capital de un gran imperio, desde Viena o Londres, o incluso Washigton DC de alguna manera. Y si analizas Nueva York, en realidad es la encarnación de un diagrama de Estados, que te recuerda cada día que el punto más alto, el pico del diagrama, se ubica en el centro de la ciudad, y que es ahí donde se mueve la mayoría del dinero (le da la vuelta al tema). Preferiría preguntarme a mí misma, y a ti también, qué ciudades están hechas para los ciudadanos, porque la respuesta sería mucho más complicada ¿no? Es un tema al que recurro alguna que otra vez. Después de todo, piénsalo, los seres humanos, en muchos casos, han hecho de las ciudades sus propias casas, y eso significa que hay lugares que realmente te hacen sentir… que penetran en la gente. Manhattan es uno de ellos; Nueva York es uno de ellos, aunque no fuera construida necesariamente para la gente de Nueva York. Entonces, sí, creo que los seres humanos pueden llegar a adaptarse a casi todo, y al final acaban encontrando una manera de apropiarse de las cosas, de cosas que, incluso, como te digo, no fueron diseñadas para ellos. De hecho, volviendo al ejemplo de Nueva York… tú te estabas quejando de Madrid. ¿Vives allí?

Sí. Perfecto. Pues mira, para que veas que tu caso no es tan grave, para que pienses “ah, vaya, pues no estoy tan mal en Madrid”, te diré que Nueva York sobrepasa los límites de lo disfuncional. Y a la vez es increíble. Ahora mismo hay un debate sobre las señales del metro de Nueva York, porque prácticamente no puedes ni leerlas de los años que tienen. Se caen a pedazos, ya no hay empresas que las sigan produciendo… y esa es solo una de las tantas cosas horribles que tiene Nueva York (sonríe). Pero a pesar de eso, de la disfuncionalidad, los new yorkers  están felices de vivir aquí. A pesar de sus quejas defienden que la ciudad es suya, que realmente les pertenece ¿sabes? Esa es la parte graciosa. Ninguna ciudad ha sido construida para los ciudadanos, pero algunas ciudades realmente pertenecen a sus ciudadanos, a pesar de todo.

¿En esa máxima podríamos incluir también las metrópolis italianas? Bueno, Roma la hicieron teniendo en cuenta lo que necesitaba el Imperio Romano. Y por supuesto que había sitios para la gente; había un mercado, había un foro… ya sabes, había lugares donde la propia ciudadanía podía reunirse y hacer su vida, pero no estaban hechos a escala de los ciudadanos. Y ahora mismo la ciudad ha perdido la batalla contra el tráfico, además de que tiene los baches más grandes del mundo. Yo estuve allí la semana pasada y es increíble cuando te toca coger un taxi, porque arriesgas tu vida en el intento (se ríe). ¡Necesitas casco y rodilleras! Y Milán, bueno, es mi ciudad, yo vengo de allí (analiza qué puede decir). A ver, como toda ciudad tiene sus puntos fuertes y débiles, y no creo que tenga los suficientes espacios verdes, pero es un lugar bastante cómodo para los que viven allí, a pesar de que tampoco fuera construida para los ciudadanos. La idea de Milán era beneficiarse de la red de canales italiana, por eso tenía tantas murallas. Milán era una ciudad diseñada a base de murallas como muchas otras ciudades romanas ¿no? Y creció de una forma radial, lo que permitía que fuera bastante fácil el hecho de navegar. Entonces, bueno, te diría que Milán tiene bastantes menos problemas que Roma. Y si luego pensamos en ciudades italianas más pequeñas, te diría que pueden llegar a ser muy agradables para vivir. Sí, estoy segura de que tendrán otros problemas, pero ciudades como Génova o Bérgamo te facilitan las cosas. Aunque al final depende del tipo de vida que busques ¿no? Hay gente que por nada del mundo cambiaría Shanghái por Bérgamo.

COMBATIR EL MAL EN COLOMBIA E IMITAR A CHRISTOPHER REEVE EN EL PAPEL DE CLARK KENT NO ES INCOMPATIBLE. ANTANAS MOCKUS CONSIGUIÓ LAS DOS COSAS Y AHORA YA NO HAY REVISTA DE ESTILO QUE LO OLVIDE
COMBATIR EL MAL EN COLOMBIA E IMITAR A CHRISTOPHER REEVE EN EL PAPEL DE CLARK KENT NO ES INCOMPATIBLE. ANTANAS MOCKUS CONSIGUIÓ LAS DOS COSAS Y AHORA YA NO HAY REVISTA DE ESTILO QUE LO OLVIDE.

También está ahí, asomándose con sarcasmo, esa idea de que los centros de las ciudades se parecen cada vez más a un parque de atracciones. Bueno, están adaptados para los turistas, definitivamente, y a veces se ven en la situación de tener que protegerse de ellos. Estoy pensando, por ejemplo… No sé si hay algo que se pueda hacer para solucionar ese tema ¿me entiendes? Yo he vivido en Venecia, en Roma, estuve un tiempo en Florencia… y ahora trabajo en Midtown (al sur del Central Park). Y lo que tienen en común todos estos lugares es que están asfixiados por el turismo. Milán no tanto, porque empezó a interesar con la Expo 2015. Pero creo que no hay nada que puedas hacer. Creo que lo correcto sería aceptar el hecho de que si vives en una ciudad bonita, la gente querrá visitarla. Creo que es una cuestión de, quizás, cambiar la cultura y el comportamiento del turista haciendo ajustes más pequeños en cada ciudad, aunque todavía no sé cuáles. A mí siempre me ha inspirado mucho la manera con que Colombia desarrolla su programación urbana, porque va más allá de una simple planificación. Es muy fascinante. Hace unos días estuve en Londres, en el Victoria and Albert Museum, y había una exposición que se llamaba The Future Starts Here, y hablaba de… ¿cómo se llama? ¿Te acuerdas del nombre del alcalde de Bogotá? El de hace unos años (abre un libro que guarda al lado de su escritorio). Compré el catálogo de la exposición (busca su nombre). Aquí está: Antanas Mockus. Pues bueno, él se puso el uniforme del Súper Ciudadano, del Súper Cívico (me enseña un disfraz amarillo y rojo, acompañado de una capa al estilo de Superman). Es fabulosa esta performance  ¿verdad? Porque, de repente, el alcalde de una ciudad decide disfrazarse de superhéroe y recordar a ese ciudadano que verdaderamente respeta el sitio que ocupa. También colocó a varios mimos en los pasos de zebra para reducir los conflictos entre conductores y peatones. Y la gente podía enseñarle a los coches tarjetas que decían “Gracias por dejarme cruzar la calle. Has sido muy amable” o “Creo que no te has comportado bien conmigo” (estas medidas ayudaron a aumentar la seguridad ciudadana de Bogotá y, en un periodo de diez años, disminuyeron el número de muertos en accidentes de tráfico casi a la mitad). Hay toda una serie de cosas extrañas, que casi rozan lo ridículo, pero que pueden cambiar el comportamiento de la gente. Siento que ciudades como Venecia, Roma, Nueva York o también Madrid, lo que deberían hacer es no rechazar a los turistas, porque son necesarios para su economía, pero quizás deberían estimularles a comportarse de manera distinta. Es descabellado, pero…

En las charlas TED hablabas sobre científicos que empiezan a estar de acuerdo con la estética, los ataques que recibió el videojuego cuando lo incluiste en el MoMA, y otros temas que se distancian sutilmente de lo que se esperaría de alguien que viene a hablarte de diseño ¿no? Hace cuatro años vi otra charla de un estadounidense que tampoco vino a dejarnos claro, por suerte, cuál será el futuro de nuestras ciudades (se titula Everyone around you has a story the world needs to hear). Se la envié a tu asistente. ¿La viste? No, no la pude ver; acabo de volver de viaje. Lo siento.

Vale, no te preocupes. El argumento es bastante fácil: un hombre de mediana edad, con una larga experiencia en la radio, invita a gente anónima a hablar dentro de una especie de cabina móvil que él mismo ha colocado en la Grand Central Terminal de Nueva York. Luego graba todas las conversaciones: desde la de un niño con síndrome de Asperger que le pregunta a la madre si había cumplido con sus expectativas como hijo, hasta la de una mujer que confiesa al asesino de su hija lo que siente por él. Ya sabes, una americanada en toda regla. Pero lo interesante del tema es el hecho de que… el fundador lo dice: “estoy construyendo la colección de voces humanas más amplia de nuestra historia” o “mi proyecto permitirá a las próximas generaciones escuchar las historia de hoy”. Y mi pregunta es si a ese señor lo podemos considerar un diseñador. ¿Lo es? ¿Podría ponérselo en su perfil de LinkedIn? ¿Dice algo sobre sí mismo? ¿Él se considera diseñador?

No, él no se define en ningún momento, pero de alguna manera está encapsulando a la sociedad de estos últimos años. A través de conversaciones está hablando de ella. Entonces podría ser un realizador, podría ser un artista; él podría llamarse a sí mismo ‘Súper Ciudadano’ (se ríe). Mira, llegados a este punto, el diseño o la diferencia entre el arte y el diseño es lo que el autor dice que es. No hay más. La definición dependerá de él, así que si quiere llamarse ‘artista’ tendremos que tratarlo como tal ¿entiendes? No puedes definir tan fácilmente qué es arte y qué es diseño, sobre todo en este tipo de situaciones.

En la exposición que comisariaste en 2017, Is Fashion Modern?, analizabas prendas históricas que seguimos llevando hoy. Y hay una, la sudadera con capucha, que tiene un transfondo brutal, porque, por un lado, ha pasado de ser un elemento que llevaban las subculturas, a una prenda que forma parte del imaginario de personajes como Justin Bieber, que la utiliza para proteger la poca intimidad que le queda. O Zuckerberg.

EL ARTISTA SEBASTIAN ERRAZURIZ ANALIZÓ EN 2014 LA SUDADERA QUE TRAYVON MARTIN LLEVABA LA NOCHE DEL 26 DE FEBRERO DE 2012, MINUTOS ANTES DE MORIR POR UN IMPACTO DE BALA EN EL PECHO. TODOS LOS FONDOS DEL PROYECTO SE DESTINARON A LA FUNDACIÓN TRAYVON MARTIN.
EL ARTISTA SEBASTIAN ERRAZURIZ ANALIZÓ EN 2014 LA SUDADERA QUE TRAYVON MARTIN LLEVABA LA NOCHE DEL 26 DE FEBRERO DE 2012, MINUTOS ANTES DE MORIR POR UN IMPACTO DE BALA EN EL PECHO. TODOS LOS FONDOS DEL PROYECTO SE DESTINARON A LA FUNDACIÓN TRAYVON MARTIN.

Sí, o el fundador de Facebook. Pero, por otro lado, has hablado de cómo la capucha se ha convertido en un símbolo de violencia, ejercida o sufrida. Lo hemos visto en la serie The Handmaid’s Tale  de la HBO, en Robin Hood… o en las colecciones de Kanye West, que cada vez se parecen más a la indumentaria de la secta de Wild Wild Country. (El 21 de junio, cuatro días antes de que esta charla se publicase, Melania Trump visitaba el centro de detención de niños inmigrantes en Texas, y lo hacía vestida con una chaqueta –con capucha- que llevaba estampada la frase “I Really Don’t Care, Do U?”). ¿Qué conclusiones sacaste de esta prenda? En mi opinión… bueno, más que mi opinión, mi trabajo consiste en explicarle a la gente por qué algo es importante y transversal. Y lo que creo, por supuesto, es que la capucha es una prenda clave en nuestra historia, porque simboliza la funcionalidad, porque es como una obra maestra del diseño que es súper simple, súper humilde, y que al mismo tiempo está cargada, o la han cargado, de un significado político brutal. Mi opinión es esa. Y en la exposición, no sé si pudiste verla, presentábamos la sudadera con capucha, la hoodie, como si fuera un retrato de Rembrandt ¿sabes? Estaba colgada en una pared sin ningún soporte. Era una hoodie  roja; escogimos una champion hoodie  de los ochenta, porque en ese particular momento la empezaron a llevar niños de todas partes de Estados Unidos. Como los skaters  en California cuando les cerraron los parques, que se pusieron a patinar ilegalmente con la capucha puesta para que nadie les reconociese. Y no solo skaters; la llevaban también break dancers  y riders  en la costa este, hip-pop kids… en realidad, como te he dicho, niños de todas partes de Estados Unidos. La hoodie, que ya se había consolidado como una prenda de deporte, pasó a ser un producto de moda en los colegios, y ahora se está convirtiendo en un símbolo del estilo de vida joven en la ciudad. Además de un símbolo de injusticias raciales y violencia, de violencia con armas. Entonces, aquí tienes esta prenda tan funcional que existe desde hace siglos, que se ha reinventado en el siglo XX y que ahora es representativa de muchísimos conceptos, y conceptos muy distintos. Y esto explica un poco por qué siempre he creído en el gran diseño ¿no? Porque es cuando algo tan simple realmente condensa todo un universo (hace el famosísimo gesto italiano con los dedos de la mano).

También es bastante curioso lo que comenta el periodista Christian Parenti en el blog Design and Violence, que tú misma editaste. El hombre habla de los soldados americanos, de que en la guerra de Afganistán encapuchaban a los prisioneros, más que para reducirlos, para disminuir el shock  que toda esa barbarie, esa supremacía de poder humillante, provocaba ya no en las víctimas, sino en los propios soldados y en la audiencia que consumía la escena. Absolutamente. Al final lo que importa aquí es la simbología. Se podría escribir un libro entero sobre la hoodie  ¿sabes? En serio. Un libro a todo color con imágenes fantásticas que hablen de su historia. Espero que alguien lo haga algún día.

A los visitantes de la exposición les preguntabas si la moda era moderna, y no sé todavía si te referías al sistema de la moda o a las propias prendas y a su evolución histórica, así que cada visitante, me imagino, sacó su propia conclusión. Ahora quiero saber la tuya. ¿Qué opinas? ¿La moda es moderna para Paola Antonelli? No todavía. Y por cierto, con aquel título me estaba refiriendo al sistema de la moda. Pero, sí, el título era una pregunta retórica, y era una manera, también, de conectarnos con la anterior exposición que hubo en el MoMA, en 1944, que se llamaba Are Clothes Modern?  (y que comisarió el arquitecto Bernard Rudofsky). Fíjate, si nos paramos a analizar qué es la modernidad, en mi opinión es una actitud, una actitud de diseño que es progresiva, que intenta hacer del mundo un sitio bastante mejor del que es, que intenta… bueno, que pretende que los ciudadanos, todos y cada uno de ellos, vivan mejor. Que trasciende las clases sociales y los niveles económicos e intenta alcanzar una mejor condición para todos. Y desde ese punto de vista, analizándolo así, el sistema de la moda todavía no lo podríamos categorizar como moderno, porque si hay algo inherente a ese sistema es justamente los desequilibrios y las injusticias ¿no? Y la exposición, lo que yo quería con esa exposición era enseñarte prendas que han sido interesantes, por su historia o por su impacto social, y hacerte entender la naturaleza sistemática de la moda, preguntarte cuál es tu papel en el sistema y, quizás, qué podrías hacer tú, como ciudadano y como parte de ese sistema, para mejorar las cosas. Entonces, recapitulando: por supuesto que la moda no es moderna. Nunca lo ha sido. Sí, debería serlo, podría serlo, pero eso ocurrirá cuando los ciudadanos empiecen a cambiar su actitud. Esto es un poco como lo que hablábamos sobre las ciudades ¿no? Al final el diseño tiene el poder de cambiar el comportamiento de las personas, y creo que ese cambio es el único que hará posible el avance. Es decir, provocar a la gente e inspirarla para que sea más responsable con su entorno, con sus relaciones con otros seres humanos, con las ciudades; esa es la única manera de actuar. No hay ninguna posibilidad de conseguir algo diseñando desde arriba, con una relación vertical, dictatorial, from the top down, e imponiéndole las cosas a la gente. No tiene ningún sentido.

Yo estaba pensando en la modernidad más bien como etapa histórica ¿no? Y desde ese punto de vista, quizás, el sistema de la moda sí podría considerarse moderno, porque es la industria que ha consolidado el esclavismo a larga distancia. Es decir, que mientras los italianos, tus paisanos, trajeron a esclavos para construir las ciudades que ahora os definen, o los europeos viajábamos a África, Asia y América Latina para colonizar culturas, a la moda ya no le hacen falta más desplazamientos humanos a gran escala. La moda podría ser una especie de esclavismo por Wifi. Bueno, no sé si yo soy la persona más adecuada para… No sé lo suficiente como para responderte a tu pregunta (se ríe), porque quizás la industria de las especias, de la comida, quizás también la del café, funcionaban con el mismo mecanismo que el de la moda, pero no lo sé. Simplemente siento que no sé lo suficiente como para responderte. Eso sí, no cabe duda de que la moda es una nueva forma de industria. De eso estoy segura.

Leyendo entrevistas tuyas uno llega a la conclusión de que muchos vemos en ti al Santo Grial. Paola Antonelli debe ser esa persona que sabrá resolver la famosísima cuestión de qué es diseño y qué es arte, o cuándo el diseño se convierte en arte. Y la realidad que esconden esas preguntas, las que te he hecho aquí, es que nos educan a entender el mundo a través de definiciones, lo que significa que el mundo está construido a base de definiciones ¿no? Pero no sé todavía si dentro de diez años, a la velocidad y en las distintas escalas que nos movemos, tendrá sentido hasta la definición de un lápiz. ¡Ese es exactamente el problema! Cuando las cosas y nosotros cambiamos tan rápido, definir significa adoptar hoy una postura que puede ser errónea mañana (intenta explicarlo de otro modo). Estoy pensando ahora mismo en el género fluido. Quiero decir, es muy importante hoy en día no definir a alguien por su sexo, porque es posible que esa persona quiera cambiar. Entonces, ¿qué es lo que tienes que hacer? ¿Tienes que reeducarte y asumir las cosas de forma distinta? ¿Aprender de nuevo ciertos conceptos? ¡Para nada! Simplemente sé alguien abierto a los cambios y trata de no ponerle definiciones a las cosas en este punto de la vida. Y estoy muy de acuerdo contigo: a veces necesitamos un poco de orden para percibir y entender lo que está pasando a nuestro alrededor, pero si queremos adoptar definiciones hay que ser conscientes de que pueden cambiar en cinco minutos ¿sabes? Por eso, cuando todo este debate se acerca al diseño y a mí me preguntan por definiciones, yo siempre intento esquivar el tema. No sé, hago como que me llaman por teléfono (se ríe). Pero esa es la cuestión. Yo realmente creo que, en el futuro, seremos capaces de… creo que seremos muy flexibles de mente, que podremos cambiar y adaptar nuestras ideas sobre las situaciones que nos ocurren a medida que avanzamos.

¿Tus padres entienden lo que haces? Porque debe ser gracioso verles escuchándote hablar de diseño y violencia. Lo entienden ahora. No lo entendían, no sé, hará algún tiempo, pero ahora sí lo entienden. Yo hice dos años de económicas antes de meterme a arquitectura, y quizás ese fue el momento en que a ellos más les costó entender qué es lo que su hija quería hacer, y ni siquiera yo lo sabía, sinceramente. Siempre he trabajado duro, pero también aterricé en Nueva York, y sé que hay un cierto componente de suerte en venir aquí, aunque realmente me lo mereciera. Pero, sí, es una cuestión de suerte, porque abrí una revista y encontré un puesto de trabajo. Así de fácil. Antes de eso me dedicaba al comisariado freelance, estuve de profesora en algunas escuelas, escribía… y, claro, mi padre es profesor universitario y cirujano, y mi madre también estaba metida en el sistema médico de Italia. Siempre han tenido carreras como muy lineales, así que no entendían muy bien hacia dónde iba la cosa. Pero su preocupación venía más que por el contenido, por el formato. Ya sabes, vivimos en la gig economy  como algunos la llaman, y yo estaba en el medio. No pertenecía a ninguna empresa; iba haciendo encargos, saltando de aquí para allá, y prácticamente no había estado en ninguna oficina antes de venirme al MoMA, aunque en realidad esto tampoco se puede considerar una oficina como tal (se ríe). Pero, sí, ahora ellos entienden muy bien cuál es mi aporte. Además de que en Milán, recuérdalo, la gente respira diseño, así que no tengo que explicarle a nadie de qué va eso del diseño. Si tú trabajas montando escaparates o haciendo estampados te dirán “okay, that’s fine” y nadie te cuestionará, porque es lo habitual.

EN LA IMAGEN DE ARRIBA, LA COLECCIÓN QUE PRADA PRESENTÓ EN MILÁN PARA LA TEMPORADA PRIMAVERA-VERANO DEL 2000. EN LA DE ABAJO, LOS JÓVENES DEL NORTE DE ITALIA QUE EL FOTÓGRAFO MASSIMO VITALI RETRATÓ EL MISMO AÑO, AUNQUE CON UN FONDO DE ARMARIO RADICALMENTE DISTINTO.
LA COLECCIÓN QUE PRADA PRESENTÓ EN MILÁN PARA LA PRIMAVERA-VERANO DEL 2000 (IMAGEN DE ARRIBA) ASPIRABA A SER TAN PREDECESORA COMO DEMOCRÁTICA. LA FOTO DE MASSIMO VITALI (ABAJO), SACADA EN EL NORTE DEL PAÍS EL MISMO AÑO, DEMOSTRÓ QUE LA FIRMA ITALIANA NO CONSIGUIÓ LO SEGUNDO. CLARO.

Hay una diferencia enorme entre lo que Italia vende, por ejemplo en Pitti Uomo, y lo que Italia viste. Lo vi cuando fui a Roma. Y vale que tampoco esperaba encontrarme a veinteañeros vestidos de Prada, porque sus sueldos jamás se lo permitirían, pero tampoco esperaba encontrarme lo que me encontré. Ya sabes a lo que me refiero. Estoy intentando esquivar las palabras ‘cani’ y ‘choni’ a toda costa. Bueno, es Roma (se ríe). ¿Has estado alguna vez en Milán?

También lo vi en Venecia. Bueno, en Venecia… (se ríe). Lo que ocurre es interesante, y es un tema que da para varios debates. Primero, hay mucha vulgaridad también en Italia, hay muchísimo diseño del que una no puede estar orgullosa. No todo en un país está bien planteado ni puede estarlo, por supuesto. Pero lo que creo que Italia tiene, más que un diseño genial, es una actitud hacia el diseño, una educación. A los italianos nos educan en términos de diseño, y aunque hay muchas cosas que son horrorosas, recuerda que Italia no es monolítica, que mientras Milán tiene un sentido del diseño excepcional, igual que Turín, Roma es completamente diferente, y Nápoles, por ejemplo, puede ser muy sofisticada cuando se trata de moda masculina. Es decir, que cada ciudad tiene sus puntos fuertes. Pero sí, es cierto, hay mucha vulgaridad incluso en Milán. A veces voy andando por la calle y me doy cuenta de que los carteles de las tiendas son horribles, de verdad. HORRIBLES. ¿Pero sabes qué? A veces un poco de vulgaridad y mal gusto puede resaltar la elegancia. Y lo que puedo decirte es que… bueno, que lo que vende Italia es un saber hacer que es real, que es tangible, que lo puedes medir, aunque luego también puedas ver mucha porquería por ahí. Y aun así muchos italianos tendrán una opinión de cualquier objeto, de cualquier prenda, entenderán la tela, la tocarán, diferenciarán una seda de una viscosa, y la sentirán. Y además sabrán qué es el moldeo por rotación cuando de lo que se trata es de imprimir un objeto de plástico. Todo eso se llama educación. Después, claro, podrás tener muchísimos ejemplos de un mal diseño, pero al menos hay un hábito detrás.