Para muy pocos, que el fotoperiodismo se distancie de sus flirteos banales es una cuestión que no se puede negociar con ningún privilegio. Ni siquiera con un puesto en The Sunday Times

FOTOGRAFÍA: TORI FERENC

Hace un par de meses te sinceraste en el British Journal of Photography. Decías que te marchaste del Sunday Times Magazine porque ya no defendía el periodismo visual de investigación, el que pone el dedo en la yaga. Imagino que perdiste la fe ¿no? Sí, pierdes… fue una entrevista muy honesta. Perdí la fe, perdí la fe porque en realidad, cuando estás dentro, ves que las cosas no funcionan. Yo tenía una de las plataformas con más prestigio internacional, tenía de doce a catorce páginas dedicadas a la fotografía semanalmente bajo la marca Spectrum, que mis editores me daban permiso para que yo editase con cierta libertad. Tenía una situación privilegiada como redactora gráfica, pero me dí cuenta de que el periodismo que a mí me interesaba, el periodismo visual, que consiste en profundizar, investigar a largo plazo, no encajaba en los contenidos de la revista. Llegué a la conclusión que estábamos comprando, pero no estábamos invirtiendo. No se invertía para que un fotoperiodista pudiera estar trabajando en un tema durante varios años, porque ya no existen esos presupuestos. Entonces empecé a plantearme varios problemas. Me planteo cómo se van a sostener este tipo de proyectos, no solo económicamente, y también cómo voy a seguir colaborando con la nueva generación de fotógrafos ¿sabes? Porque de alguna forma tú puedes estudiar fotografía en la universidad, pero hay toda una serie de planteamientos éticos, de evolución personal y creativa, que necesitas asumirlos trabajando, y eso era algo que mi papel en el Sunday Times Magazine cubría ¿no? Empezabas a trabajar con una generación que tenía talento, a darles pequeños encargos para ir entendiendo cómo van las directrices de un periódico, entender un poco dónde están los límites de… pues de cómo se construyen las historias, de cómo éticamente se resuelven las situaciones a las que estás dando voz. Toda esa relación de mentorcy, que a mí me parecía vital y que realicé durante años, y que todavía hoy veo a grandes fotoperiodistas que me dicen “el primer reportaje que hice fue contigo cuando estaba en la universidad”, todo ese proceso ya no tenía cabida. Me di cuenta de que ya no teníamos ni el tiempo ni la capacidad para ejercer ese papel pastoral, entonces, sí, claro que fue una pequeña desilusión.

Aquí tengo una portada del Sunday Times Magazine del 2014, de cuando tú todavía trabajas allí, que se titula Animal pictures of the year. Háblame de ella. Vale, mira, en este número especial yo no participé, pero te puedo hablar de lo que es el Animal pictures of the year, porque detrás hay mucha discusión. El editor del periódico quería que una vez al año dedicásemos un número a los vídeos dulces y populares de animales. Él se planteaba “sabemos que a nuestros lectores les va a gustar, ¿por qué no podemos salir una vez al año con este concepto? ¿O solo vamos a darles una fotografía intelectual y bien planteada?”. Este es el discurso que había dentro del periódico, para que tú lo entiendas; es el discurso del editor intentando dar a tres millones de lectores algo que nosotros estamos viendo que triunfa en las social media. Entonces ahí se crea el choque ¿no? Porque si reorganizamos el contenido para responder a lo que los lectores quieren, ¿no estamos de alguna forma reorganizando lo que es nuestro papel como periodistas? O sea, yo decía “¿no es mi papel como experta de la fotografía buscar algo que a mis lectores les pueda informar? Informar de algo que les afecta socialmente, personalmente. ¿No es mi papel buscar lo mejor? ¿O ahora mi papel es buscar lo que a ellos les gusta en las redes sociales y ponerlo en la revista porque de esa forma voy a vender más?”. Este era mi conflicto, claro, no era el conflicto del editor que necesita vender periódicos (se ríe). Pero todos los años teníamos el mismo conflicto con esta sección, y además aparecía en portada, porque era vendible, anualmente vendía números (se para a pensarlo). Todavía me preocupa. Para mí, toda mi carrera son preocupaciones y preguntas. No sé si estoy llegando a alguna conclusión, pero intento de alguna forma, consecuentemente, entender la razón por la que hago las cosas.

Pues Mónica, siento decirte que todavía tengo más preguntas. Por ejemplo, últimamente pienso que las imágenes se parecen a nosotros más de lo que creemos, sobre todo en el concepto de la supervivencia. Por ahí hay músicos malísimos vendiendo discos y luego hay otros, bastante mejores, que se ven obligados a tocar en el metro. Y con las imágenes pasa un poco lo mismo: hay imágenes mediocres que se han convertido en icónicas e imágenes muy buenas que se olvidan pronto. ¿Te preocupa este tema? ¿Le das vueltas a la fecha de caducidad? Sí, me lo planteo. Te voy a dar un ejemplo en términos de conflicto: tú puedes pensar en la guerra de Irak, y la imagen referente, icónica, siempre va a ser Abu Ghraib fotografiada por los soldados. Esa imagen se ha quedado en la memoria colectiva. Aparte de todas las imágenes que hay, aparte de todas las imágenes que han ganado el World Press Photo o que no han ganado, esa es la imagen que de alguna forma representa el conflicto. Y si te hablo de Vietnam vas a pensar en dos imágenes concretas. Igual que la imagen del niño (Alan Kurdi) que llega ahogado a la costa define la entrada de los refugiados a Europa. Hay una imagen que nos ha creado una reacción emocional colectiva. Y tú piensa que los medios de comunicación responden un poco a esa realidad. O sea, los editores no están hablando todos entre ellos para que esa imagen se recree, pero aparece y hay una respuesta emocional, nosotros respondemos emocionalmente. Y tú sabes lo qué es una respuesta emocional cuando vas a un concierto y ves que esa emoción general te acaba arrastrando. Que igual si tú estás escuchando el disco solo en tu casa no vas a tener la misma reacción que cuando estás en grupo ¿no? Pues con las imágenes pasa lo mismo; no es algo racional. Una imagen nos ha hecho sentir de tal forma, nos ha emocionado tanto, que la registramos, la dejamos ahí y se queda en nuestro banco de memoria. Pero no tiene que ver con la calidad o la técnica, no tiene que ver con nada de eso ¿entiendes?

Hablemos ahora del concepto original, de lo inédito. Tú que revisas muchos porfolios en PHotoESPAÑA sabrás responderme a una duda. ¿Un fotógrafo puede deshacerse de todos sus referencias visuales y sacar una imagen puramente nueva? ¿Es posible? ¿Algo totalmente nuevo? Yo creo que es difícil, porque siempre revisitamos ¿no? Y aunque todos pensamos que somos originales, luego te das cuenta de que no lo eres tanto, que aunque no hagas referencia a un libro que has leído o a una película que viste hace poco en el cine, de alguna forma están ahí en tu banco, en tu subconsciente, y te acaban condicionando, lo quieras o no. Pero sí que es verdad que a veces veo lenguajes y nuevas formas de reinterpretación que me parecen muy interesantes. A veces se habla de un tema, no sé, forense o científico, el que sea, pero se revisita de una forma diferente. Y eso hace que las categorizaciones, poco a poco, se estén como perdiendo, porque ya resulta difícil, a mí por lo menos, entender que el fotoperiodismo es una cosa y el documentalismo otra. No he entendido muy bien, y esto me vas a ayudar tú, qué quiere decir lo de la fotografía de autor, porque se me olvida. ¿Cómo se dice en inglés?

Ni idea, pero tampoco creo que el traductor de Google lo sepa. Es que es un tema que solo oigo en España, eso de “no, es que yo hago fotografía de autor”. Y luego te dicen “no, es que yo no hago esto, yo hago lo otro”. No entiendo muy bien estas categorizaciones, estas delimitaciones tan claras que había en el pasado; hoy en día no lo veo. Cuando te pones a revisar el trabajo de Miren Pastor, que ha estado ahora en Format, igual ella es fotógrafa de autor, no lo sé, pero en realidad está documentando la crisis del ladrillo en España. ¿No es eso documentación? Porque estamos hablando de un tema muy social, muy de la geopolítica actual en España. Que su forma de lenguaje sea de intervención, que use archivos, pues bueno, vamos sofisticando el lenguaje visual, vamos buscando nuevas palabras, pero en realidad no estamos dejando de contar historias que nos preocupan.

Mónica, ¿te ves formando parte de una institución? Este es un debate que siempre he tenido conmigo misma. El objetivo de dejar el Sunday Times tenía que ver con estar… con to be in charge of my own narrative. Quería, de alguna forma, poder demostrarme a mí misma que iba a ser capaz de desarrollar una narrativa personal. Hasta ahora siempre había trabajado dentro de la narrativa de otros, pero manteniendo una gran integridad que al final creaba situaciones de desgaste ¿no? O sea, nunca iba a contracorriente, pero mantenía una posición muy clara de hasta dónde iba a llegar. Y ahora, bueno, pues colaboro con diferentes plataformas, con festivales, doy clases en universidades, pero son solo colaboraciones. No tengo totalmente claro lo que va a pasar a largo plazo; siempre me planteo en el momento lo que estoy haciendo (le da varias vueltas al tema en silencio). Cuando entra la mente en estos caminos pienso mejor en inglés (se ríe). En términos de propósito, I always have to have a sense of purpose, que siempre es un gran problema para mí profesionalmente. Which’s the purpose? What am I doing? And what am I doing it for? No entiendo muy bien simplemente el existir, entonces me planteo si tiene algún sentido que yo sea partícipe de todo esto ¿sabes? Siempre me gusta trabajar en equipo, intercambiar ideas con los demás, y mi pregunta ahora es si podemos intentar evolucionar o mejorar situaciones como grupo; esa siempre ha sido mi filosofía. Tú piensa que yo parto del convencimiento del contrato social, política, ideológica y personalmente. Pero en este momento histórico el contrato social is fractured ¿vale? Y además piensa que yo vivo en el mundo anglosajón; el neoliberalismo es el sistema que domina aquí, que básicamente consiste en el individuo por el individuo.

Margaret Thatcher ya lo avisaba en los ochenta: la sociedad no existe, solo los individuos. Exactamente, pero Margaret Thatcher solo fue el principio de la conversación. Hoy en día, tres décadas más tarde, lo que estamos viendo es la implementación de lo que es la ruptura del contrato social. Entonces este es el problema que yo me planteo, si de verdad puedo en un momento dado encontrar un grupo o una organización. Está claro que yo puedo decir “vale, vuelvo a la prensa o me pongo a trabajar dentro de un museo”, pero el problema, hablando en términos neoliberales, es la búsqueda de la capitalización, el hecho de que siempre estemos buscando cómo comercializar cualquier cosa, the marketizing, porque llega un momento en que todas esas relaciones y colaboraciones se ven afectadas. Entonces, en la realidad actual, en el momento histórico en el que vivimos, ¿dónde encajo yo?

Entiendo lo que dices. Es como esa sensación que tienes cuando sales de la universidad, cuando todos se dispersan para asumir sus categorías sociales, pero tú te quedas ahí, descolgado de los hilos que te amarraban al sistema, sin poder explicarle a tus padres o a tu pareja que el dinero, trabajar por dinero, no es lo fundamental. Pero lo puedes explicar. A mí me encantaría que mi objetivo fuese el dinero, porque entonces tendría una meta. El problema es que necesito tener esa sensación de propósito que te comentaba antes ¿entiendes? Yo siempre digo “ojala pudiese especular y decir que estoy contenta con el concepto de la especulación” (se ríe), pero lo siento, no va conmigo. Es un planteamiento emocional y personal, de poder saber cómo encajo aquí. Todavía me acuerdo del primer taller que di en España hace muchísimos años, antes de la exposición de Darfur. Me acuerdo que vi un documentarista con un trabajo que me pareció muy bueno, excepcional, y él me decía “Mónica, es que con esto no puedo vivir, porque claro ¿cómo te compras el piso, cómo te casas?”. Y lo que no entendía es que la fotografía documental, como yo la he vivido, es un estilo de vida. Si tú lo que quieres es conseguir un crédito y tener hijos, pues igual tienes que buscarte un trabajo de funcionariado, que a mí no me parece mal, porque yo, como muchos otros españoles, tengo familiares que son funcionarios y que hacen un trabajo social realmente importante. Pero yo no puedo estar en estas organizaciones, porque acabarían ahogándome.

¿Qué te dice la gente? Tus amigos, tu marido, quién sea. ¿Qué te dicen? Porque puede que piensen “no es posible que con la edad que tiene esta mujer aún viva en una crisis existencial”. Porque lo tuyo se llama crisis, es una crisis de incertidumbre. Nunca he tenido una forma de pensar que sea compleja. Quiero decirte, que si tú me conoces en el día a día sabrás que me muevo constantemente, porque es parte… es un poco lo que tiene la investigación ¿no? El ir y buscar diferentes formas de decir las cosas. Viajo mucho, siempre he estado viajando. Siempre. Me gusta conocer gente, que me cuenten historias e intentar entenderlas. Y esa es la forma de reaccionar a todos los planteamientos que tengo, a la complejidad. También es la única forma que a mí me permite existir. Podría plantearme otra forma más, no más fácil, pero quizás… Si tú cada vez que actúas te planteas las consecuencias, le das muy poco espacio al descanso, pero no lo puedo evitar. Para mí, las consecuencias siempre están ahí, entonces puedo hacer tres cosas: puedo ignorarlas, puedo decir “sé las consecuencias, pero aún así decido hacerlo, bien sea por cuestiones económicas o porque quiero ir a un sitio en el que nunca he estado”. Por ejemplo, (se le olvida la tercera consecuencia), fui a dar un taller a Arabia Saudí, y esto fue algo que me lo cuestionaron varios amigos, por el régimen del país y todos los problemas que había. Pero la curiosidad de ver desde dentro lo que pasaba era mucho más grande. No era simplemente el ir por el ir, sino la necesidad de entender la situación, y solo la puedes entender una vez estás allí, cuando llevas varias semanas y entras dentro de esa sociedad. Me parecía mucho más positivo dar un taller y juzgar el país habiéndolo visto, que el decir que no.

¿Y nunca te has atrevido a hacer fotos? No hago fotos, no haga nada de fotos. Siempre he sentido como que tengo una asignatura pendiente ¿no? Pero claro, tú piensa que desde que empecé a trabajar he estado rodeada de los mejores de la fotografía, y mi vida la tengo muy poco documentada por esa idea de “no, mándame fotos”, porque allí donde he estado siempre he tenido en mis alas a los más grandes. Entonces, bueno, puede ser también, no sé, una especie de miedo ¿no? De decir “nunca voy a poder realizar nada con lo que esté contenta”. Para mí el listón siempre está demasiado alto; utilizo el iPhone como un boceto, porque de esa forma una no tiene el concepto de que es la última imagen de nada, y así me lo puedo permitir (sonríe). Pero si hiciese fotos con una cámara nunca podría ni compartirlas, ni enseñarlas, ni comentarlas, porque me he pasado la vida criticando el trabajo de los grandes fotógrafos. Por eso mismo.