Cualquier frase anticapitalista encajaría en los ideales de este mallorquín que se ha jubilado de la moda. Como muchos otros españoles, él tampoco disfrutará de su pensión. Ni de las pagas extras de navidad. Pero ahora anda demasiado ocupado como para preocuparse por llegar a fin de mes

FOTOGRAFÍA: XIM IZQUIERDO

 

Conversación de 48 minutos entre Miguel Adrover (Calonge, Mallorca) y Pablo Gandía (Embajadores, Madrid). Skype. Jueves, 27 de septiembre del 2018, a las 19:30 horas.

¿Cuándo viste algo nuevo por última vez? ¿Todas las preguntas van a ser así? (Se ríe) Ay, dios mío. Vi algo nuevo que en realidad no es nuevo ¿no? Porque yo nunca, cuando trabajo, ahora mismo nunca miro libros, nunca hago research  ni hago nada. Simplemente dejo fluir lo que tengo dentro y que las imágenes… pues aparezcan tal cual. Como por arte de magia. Pero hice una exposición aquí al lado, en un pueblo de por aquí (Santanyí), y tuve la oportunidad de estar el mes y medio que duró, pues eso, atendiendo a toda la gente que venía a verla, y vino bastante, eh. Venían mínimo como 15 personas al día, que eso me han dicho que es mucho, que en París puedes pasarte dos o tres días mirando a la puerta y que ni siquiera se abra (se ríe). Yo acostumbrado a Nueva York pensaba que había sido un fracaso (vuelve a reírse). Pero, igualmente, vino una señora francesa mayor y me dijo “¡Dios mío! Es como…” (se queda a medias). ¡Ahora no me voy a acordar del nombre! Era… se llamaba Francis Bacon. Sí, es ese el que decía la francesa. O sea, es un pintor irlandés. Y después me entró curiosidad y lo miré, lo miré en el Google, y realmente vi lo que se comentaba sobre su biografía, y me gustó bastante. Pero… no sé exactamente ahora por qué te estaba contando esto.

Por la idea de lo nuevo. Ah, ¡sí! ¿Que me impresionó? Pues sí. Cuando vi al Chris ese… no es Chris, es Francis, Francis Bacon. Vamos, o eso creo (se ríe). Bueno, que luego tú ya lo mirarás si quieres. Es un pintor bastante oscuro, con una vida muy tormentosa y todo eso (le pidió al barman del Colony Room Club, en el Soho de Londres, que lo metiera en una bolsa de plástico cuando muriera y lo arrojara a una alcantarilla), pero él lleva ya muchísimas décadas muerto (su petición, de hecho, se hizo casi realidad). Pero, sí, lo que te decía, que me impresionó su trabajo ¿no? Realmente me impresionan los clásicos. Eso es lo que me impresiona. No, no me impresiona el culo de la Kardashian. No me impresiona nada que sea nuevo ¿sabes? Es muy difícil impresionarse hoy en día. No lo sé, parece que esos artistas que había antes, que morían y un día alguien se encontraba su trabajo arrinconado no sé dónde, ya no van a existir nunca más, porque todo el mundo está ya tan expuesto y tan dispuesto a abrir todas sus puertas, y todas sus ventanas… Realmente ya no puedes mantener secretos ni confidencias; parece que tienes que vender hasta el alma para… para esta saciedad de buscar lo nuevo otra vez ¿no? ¿E inspirarme? Pues me inspiran las cosas más sencillas que pueda ver. Ya sé que no me has preguntado esto, pero ver a mi madre cada día me inspira, no sé (se ríe), me inspira todo. Hasta lo que odio. Hasta la violencia me inspira también, porque la violencia puede ser enseñada de una manera muy diferente. La violencia no tiene por qué ser violenta.

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Últimamente leo al surcoreano Byung-Chul Han, que cada vez que habla uno se pregunta por qué sigue viviendo en este mundo. Y no sé muy bien si lo que dice me sirve de terapia o, al revés, si me invita a reservar cita en el psicólogo. La cuestión es que él suele mencionar a menudo la mercantilización de la educación, todo eso de que las universidades no tienen alumnos sino clientes, y que de ahí no sale gente crítica sino trabajadores. ¿Tú eso lo viste cuando dabas clases? Te lo pregunto porque, en realidad, a los de mi promoción nos han educado para rellenar la demanda de un mercado que solo busca, no sé, community managers  y tipos que cumplan las normas de otro tipo muy feo llamado SEO. ¿Lo viste en las escuelas de moda? Bueno, digamos que mi carrera universitaria no existe. Quiero decir, yo terminé la escuela a los 12 años… y ni siquiera tengo octavo de EGB. Pero he tenido la oportunidad de dar conferencias en Yale ¿sabes? También de hacer como un seguimiento a los estudiantes sobre su trabajo, en la universidad de Nueva York, en Pratt (Brooklyn), en Alemania, en Egipto, en España, en un montón de sitios. Y, realmente, bueno, depende también mucho de a dónde vayas, porque en Egipto era muy diferente a Yale, por ejemplo, porque solo para entrar en un curso de Yale ya tenías que pagar como 45.000 dólares, que realmente, pues sí, ya te puedes imaginar la clase de gente que va ahí. Y lo que yo he visto es que también está muy estereotipado todo lo de ser diseñador de moda ¿no? No sé, las escuelas, hoy en día, simplemente las veo, pues eso, como reclutamiento para las multinacionales. Y para el poder. Pero, ¿qué sentido tiene eso? No sé, si lo que te van a enseñar es a seguir la misma fórmula de siempre, y lo que te van a decir es que lo que funciona es esto y aquello, y que no te salgas de aquí porque si no te irá mal en la vida, pues realmente quédate en tu casa, que estarás mucho mejor. Una cosa tiene que fallar y le tiene que faltar el dinero, y uno tiene que pasar por mucho para que realmente puedas llegar a entender de qué va todo esto. Y luego tienes que encontrar la fórmula para poder expresar… pues tus conocimientos, tu sabiduría ¿no? Porque se basa en eso, en conocimientos y en sabiduría, y en haber estado allí y en haberlo experimentado. No se trata de ver fotos o de ver películas con vestuarios de no sé qué siglo que te inspiran muchísimo. No. Se trata de poder, diríamos, pues llegar al campo de batalla y ver realmente cómo es por dentro. Lo que pasa es que, claro, si la gente no tiene la libertad de encontrar un medio de comunicación, y los periodistas o los directores de las revistas no te apoyan si no encajas dentro de lo que establecidamente es un boom, que dura eso, dos telediarios, pues la cosa estará difícil. (Lo intenta resumir) Detrás de todo, ahora mismo, lo que hay son corporativas que hasta tener a una persona que vaya en su contra, alguien rebelde, la usarán a su favor. ¿Sabes lo que te quiero decir? Es muy peligroso. Me da miedo el mundo que hay ahí afuera.

En casi todas las entrevistas que hacías en Nueva York mencionabas a tu hermano Toni. ¿De qué hablas ahora con él? (Se lo piensa un par de segundos) De nada. No tengo nada… hay muy pocas cosas que comparto con él. Solo cosas así como que se me ha roto el termo ¿sabes?

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¿Sigues teniendo en tu habitación esa portada de Women’s Wear Daily  que decía “The New Young Star” o algo parecido? No. Bueno, sí, la tengo, y el otro día me dije que tenía que enmarcarla para darme, no sé… porque, a veces, hasta se me olvida todo (se ríe). Aún tengo dos garajes alquilados con las cajas de Nueva York, con toda la prensa ahí dentro, con el New Yorker, por ejemplo, que para mí publicó uno de los mejores artículos que yo he hecho nunca, que era como de 12 páginas o algo así. A mí me gustaban los periódicos mucho más que las revistas de moda. Obviamente porque a mí me interesaba, a través de la ropa, pues crear conciencia social y ecológica ¿no? Y eso era lo más importante. Eso y el poderlo transmitir desde medios, desde periódicos internacionales como el Washington Post, el New York Times, el LA Times, el The Guardian, El País… yo qué sé. Y no lo tengo aquí colgado, no. No cuelgo casi nada (mira a su alrededor) referente a lo de la ropa. No. Me cuesta mucho colgar cuadros; realmente me cuesta mucho colgar cualquier cosa en la pared. Tardo a lo mejor años incluso en decir “ay, este cuadro me gusta exactamente aquí”. Siempre lo tengo todo por el suelo. Pero, sí, bueno, la del Women’s Wear Daily  fue una portada… fue algo importante para mí. Sí.

04-Xim-Izquierdo-Miguel-Adrover-Incessants-2018¿Y el tema drogas? Bueno, es que ahora me estoy fumando un porro, que con todo lo que me he quedado ha sido solo con eso, con el porro. Porque sí, porque lo otro, aquí en el pueblo, no sería nada inteligente. Drogas como la cocaína, el crack o el cristal, y el alcohol también, no es algo que realmente, para estar contigo mismo, a solas, sea un buen compañero aquí ¿sabes? No tiene nada que ver con emborracharse en Cuba o en Nueva York si sales de marcha. ¿Aquí qué haces? Dímelo tú. ¿Te vas a un bar del pueblo y te bebes una botella ahí solo, en la barra, y después se lo cuentas a tu madre? No, no estoy en eso (se ríe). Realmente, todo pasó de manera muy natural. Yo vivo en el campo desde hace como cinco años, y hace como seis que ya dejé, digamos, las drogas de ciudad, y… pues no me ha sido nada difícil, la verdad. Para nada. Porque creo que el entorno no acompaña, y yo siempre he dicho que para mí la droga fue una gran descompañera. Es decir, era como el ritmo, el ritmo que requería un poco Nueva York en ese momento, en los 90, en los 2000 y toda esa historia. Y tuve mucha suerte. Yo tengo mucha suerte de estar aquí de pie, hablando contigo, sobre todo teniendo en cuenta que he perdido a muchos amigos por el camino. Por muchísimas cosas. Y las drogas han sido también una de ellas.

No hay ni una sola crítica negativa de Suzy Menkes hacia tu trabajo. Ahí donde la ves, siempre defendió tu radicalismo, con argumentos que correteaban por encima de lo que los demás etiquetaban de polémico. ¿Te gustaría volver a verla? Imagínate algo esperpéntico: acaba de llover en Calonge, tu huerto está encharcado, hay fango por todas partes, y ella decide hacerte la visita. Lleva su moño de siempre y, además, calza katiuskas. ¿Qué le dirías? Bueno, Suzy para mí… no lo sé (sonríe), es que también era como mi mamá en la industria. Siempre entendía el mensaje ¿no? Y podía estar por encima de toda la situación política, podía ir… Realmente, lo que hace un buen escritor, un buen periodista, es poner sus gustos a un lado, apartarlos, y analizar lo que esa persona te está intentando comunicar. Y ella, realmente, siempre lo ha hecho. Siempre. Y para mí era un gran momento cuando se leía su crítica, porque me servía de barómetro ¿no? Era un medidor para ver si ahí afuera lo habían pillado o no. La gente decía no sé qué tonterías de las culturas, de la religión musulmana o no musulmana, y todo lo que hice era mucho más trascendental que esa historia. En serio. Y Suzi ha sido, y sigue siendo, creo que la mejor. ¿Y si viniera a mi casa? Pues si viniera aquí, bueno, me encantaría que lo hiciera, porque… creo que ella siempre me ha visto en situaciones súper, súper estresantes ¿sabes? Situaciones muy locas, del día antes del show, o el mismo día, y ahora mi actitud es mucho más relajada, aunque no mucho menos creativa. Yo tengo todas las colecciones guardadas en un estudio que me hice, y la ropa se sigue moviendo semanalmente. Para exposiciones, para shootings, para gente que se la quiere poner en eventos y cosas de esas. Ya sabes. Y también la ropa forma parte, diríamos, de lo que es mi trabajo ahora, es decir, que mi pasado siempre está presente, siempre vuelve, porque siempre reutilizo todo lo que he hecho, desde la ropa que tenía cuando era pequeño hasta… pues no sé, la última sábana que me compré. Porque ropa no me compro desde hace muchísimo tiempo. Y nada, que me gustaría que ella pudiera ver también de dónde yo soy, y así podría entender, aunque ella siempre lo pilló… (busca la mejor manera de decirlo) Digamos que la perspectiva es mucho más fuerte cuando vienes aquí, cuando ves dónde nací y cómo es mi familia, y luego piensas en todo lo que pasó en Nueva York. Porque es un poco surrealista ¿no? Pero lo dejé así, como dijo el New York Times  una vez: “Miguel Adrover es como la leyenda de Buffalo Bill” (se ríe). Es decir, que… que me quedo con eso.

 

Conversación de 16 minutos entre el fotógrafo Xim Izquierdo (Palma de Mallorca) y Pablo Gandía (Ontinyent, Valencia). Skype. Martes, 20 de noviembre del 2018, a las 19:00 horas.

Oye, Xim, tú fotografiaste a Miguel en un momento muy concreto de su etapa en Nueva York. ¿Hay algo que sigas recordando después de… siete, ocho, nueve años? Me refiero a esa primera imagen que te viene a la mente cuando piensas en aquel viaje. Buah, muchos momentos, porque con Miguel… bueno, todo es muy intenso (se ríe), muy pero que muy intenso. Yo a Nueva York solo fui en 2012 para la colección aquella de Out of my mind. Estuve como 15 o 20 días. Y hubo momentos con mucho power, como cuando se presenta el desfile ¿no? Que yo estaba ahí, en los camerinos, con las modelos antes de salir, y él hablaba con ellas, les daba los últimos retoques, y en aquel momento de éxtasis empezó a gritos de indio, saltando por todos lados. Y ahí ya salieron todas en plan ejército a desfilar (sonríe).

Hace poco menos de un mes pasaste varios días en casa de Miguel, haciendo las fotos que acompañan estas conversaciones. ¿Cómo lo has visto? Pues he notado… o sea, sigue siendo el mismo, obviamente, pero, claro, todos evolucionamos, aprendemos y digamos que sufrimos metamorfosis en momentos de la vida. Y he visto un cambio, sí, he visto que se mueve en una nueva dirección, y me sorprendió muchísimo todo… todo en lo que ahora anda metido. O sea, se ha reinventado y proclamó, supongo que lo sabes, su propia muerte a través de Instagram, que la lió parda a nivel planetario (se ríe). Y, bueno, pues a partir de ahí él me decía el otro día que se considera un pintor frustrado. Y cuando llegué a su casa, y me enseñó toda la obra que está generando, realmente eso del pintor frustrado le define muy bien, porque estás mirando esas fotos, que de alguna manera son súper pictóricas, que no sabes muy bien si son fotografías, si son maniquíes, si son reales… porque ves que tienen alma las miradas. Crea esos bodegones, esas puestas en escena que respiran tanta vida y tanto misterio. O sea, hay ironía, hay magia… a mí me sorprendió un montón. Y lo vi cambiado también como persona, en el sentido de que lo vi bastante más tranquilo, con una visión quizá un poco más madura, por decirlo de alguna manera. Y como que hay ahí un cambio de “muero como modisto y me reinvento en algo que va mucho más allá” ¿no?

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¿Tú crees que volverá a la moda? No lo sé. Ahora, en el momento en el que está ahora, no creo, no lo veo, o no le vi en ese mood. Pero, de hecho, su obra tiene una vinculación fuerte con la moda. Bastante fuerte. Y, bueno, solo eso (analiza qué añadir). No sé, es que nuestros encuentros, nuestros reencuentros o experiencias juntos, siempre son de gran intensidad. No sé si porque, de alguna manera, encuentro una vinculación con él, en ese aspecto de… que no ha pasado nunca por el aro ¿no? Por ninguno. Él se definía el otro día, y yo siempre lo he creído, como la última leyenda del punk viva ¿no? Por su actitud, porque el punk al final es una actitud, no es solo música y tirar guitarras por el suelo (se ríe). O sea, la cultura punk es una actitud de, pues eso, de ir contra el sistema, contra todo, de mantener el ‘no’ por encima de cualquier cosa, y de tener ese criterio y esa fuerza, o esa genialidad que tiene él. No sé si esto te va a servir.

Por supuesto, sí. Además es interesante todo esto que comentas. Porque cuando se habla de punk y moda lo primero en lo que uno piensa es en Vivienne Westwood ¿sabes? O si eres más joven en Charles Jeffrey. Pero hay ciertas ideas, que van asociadas a una forma de entender la vida, que solo puedes mantener cuando no tienes ni un duro o vives con lo mínimo. O cuando no estás al mando de una empresa de un tamaño importante. (Se ríe) Es que todo esto también era algo que echaba de menos ¿sabes? Porque ahora tengo bastante curro, pero son curros alimenticios como digo yo ¿no? Estoy con mi socio, que hacemos cosas comerciales a saco, que estamos trabajando para una cadena hotelera y viajando mucho, y lo agradezco, de verdad, y son buenas entradas de dinero, pero echaba mucho de menos… porque yo vengo de la fotografía personal y artística, digamos. Y sentía que necesitaba volver otra vez al punto desde el que empecé. Y, claro, ir a su casa y fundirme con su… locura, desde el cariño lo digo, pues es donde me encuentro mejor. Tampoco me quiero enrollar mucho ahora (se ríe).

No te preocupes. Tenemos tiempo. Vale, pues mira, yo también en el 2014 me desvinculo mucho de Miguel. No por nada entre nosotros, eh. Solo que me fui al Amazonas cuatro meses. Digamos que tenía un problema un poco fuerte de adicción y me fui allí, ya sabes, con todo el tema ayahuasca, con los indígenas y tal. Luego estuve un año muy bien por Mallorca y me marché cuatro meses más a la selva de Costa Rica, pero ya sirviendo y animando a otra gente. Entonces, claro, en todos estos procesos, que fueron bastante duros, me costó mucho reencontrarme con él. Y ahora, mira, ocurrió y, contentos, sí, muy contentos porque los dos hemos evolucionado como personas, de alguna manera u otra.