Papel cuché, outfit, estilo desenfadado, apropiación cultural, Parisian chic, Leticia Ortiz, cara lavada, Alexa Chung, 10 trucos para conseguir el maquillaje perfecto, Kim Kardashian, animal print, los zapatos que desearás tener en tu armario, influencer. ¿Se puede hablar de ropa sin tocar ninguno de estos conceptos?

FOTOGRAFÍA: DANIEL DE JORGE / ESTILISMO: CAROLINA FERNÁNDEZ VIDAL / GROOMING: YOHANA ROJAS / ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: JAVIER SPOKOJNIE / ASISTENTE DE ESTILISMO: NICOLÁS V ALMAZÁN

 

En un bar con vistas al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, todos los camareros saben de antemano qué pedirá Leticia García cuando entre por la puerta. “Una caña ¿verdad?”, preguntan desde la barra. “Qué va. Hoy mejor una doble”. A veces, las predicciones fallan. La periodista de moda está de celebración: es viernes, toca afterwork  y en un par de semanas celebrará su propio mercadillo en el barrio madrileño que le moldeó la ironía. Porque haber sido adolescente en el mismo Usera en el que los chinos construyeron su versión mastodóntica de Arteixo, inevitablemente le ha llevado a reírse de lo que se entiende por lujo al otro lado del Manzanares. Y más trabajando en un sector que demanda vendedores bilingües en inglés y mandarín, y que en 2017, según la consultora McKinsey, el 40% de sus ventas globales se hicieron con tarjetas de crédito asiáticas. El mismo año, una compañía rusa ofertaba jets  privados, con la tarifa de maquillaje y peluquería incluida, para hacerse selfies  y subirlos a Instagram. Y la fundadora de Vogue China, Angelica Cheung, montó otra publicación bimensual solo para los millennials  con poder adquisitivo de su país. El título, Vogue Me. Todos estos datos asustarán al gobierno de Donald Trump, puede ser. Pero no a la bloguera más nicho del extrarradio gentrificado. A ella, nada de esto le pilla de imprevisto.

Antes de las últimas elecciones a la presidencia de Estados Unidos, Rosa María Calaf comentaba en el Late Motiv  de Buenafuente que los países, últimamente, se ven obligados a elegir el mal menos peor. ¿Crees que esto también les pasa a las firmas cuando les toca escoger a sus directores creativos? Sí, totalmente. Bueno, hay dos tendencias. Una que se ha probado, que creo que ha funcionado sobradamente, que es ascender al de debajo, como pasó con Pierpaolo Piccioli, o como pasó con (Alessandro) Michele, o como ha pasado con Sarah Burton, el decir “bueno, pues para qué voy a buscar a la estrellita de turno si tengo aquí al que se ha comido todos los marrones, que es el jefe de diseño de mi equipo y el que mejor conoce la casa”. Y se ha demostrado que a esa gente a la que han ascendido es gente que ha funcionado. Esa es una tendencia que a mí me mola, pero que pasa poco. ¿Eligen el mal menor? Pues a ver, eligen… o sea, yo creo que ahora mismo estamos en un momento en el que, a nivel moda, como todo se lo disputan Kering y LVMH, al final hay una guerra interna entre ellos ¿no? Entonces, por ejemplo, el caso de (Hedi) Slimane es una pataleta del LVMH porque no pudieron conseguir Gucci, y porque no pudieron llevarse a Slimane cuando ellos quisieron, que fue cuando el tío se fue a hacer Saint Laurent con los de Kering. Y toda esta idea de coger a Virgil Abloh viene porque Kering tiene ahora mismo a los dos pesos pesados a nivel estético, que son Gucci y Balenciaga. Entonces, en realidad, es más una guerra interna entre empresas que otra cosa. O sea, yo lo veo así. Y, bueno, ya se ha demostrado, con el caso de Slimane ahora, por ejemplo, que realmente no importa la historia de una marca ¿no? Ahora todos rumorean que Maria Grazia se va de Dior, y ella fue el efecto estrellita también. Esto es así. Y cuando se pire, pues meterán a una persona que no tenga nada que ver con ella.

Y en esa lucha entre dos grandes imperios, ¿es posible que la vara de medir esté en manos de otra potencia ajena? En este caso, del consumidor asiático. Sí, el de Oriente Medio y el de Asia. Y por eso se está generando, que no me parece mal, toda esta idea del merchandising  alrededor. Ya no solo es la colonia de Chanel o la cosmética de Dior, que era lo que les daba dinero a las grandes marcas. Ahora todo es la gorra de Balenciaga, la taza de Gucci, la brida del bolso de Dolce & Gabbana que la puedes quitar y ponérsela a uno de Mulaya. O sea, que se está generando toda una serie de objetos pequeños y reconocibles, y también asequibles, por una cuestión de consumo asiático. Igual que todo el tema de la moda urbana, que a mí me gusta mucho, tiene que ver con los asiáticos. Y aunque la fiebre por las sneakers  venga de Estados Unidos y nazca de allí, lo hace de una manera muy tangencial, porque el tema sport  y urban  de los norteamericanos, esa filosofía, ya no es tan relevante.

03-Leticia-García-Daniel-de-Jorge-Incessants-2018Tengo una tesis: a un periodista de moda se le considera inferior porque sus lectores, casi siempre, o son mujeres o son homosexuales. Pero quizás el problema no esté tanto en el lector, sino en el que hace las revistas, que a fin de cuentas no ha sabido vender bien de qué va su oficio. ¿Estás de acuerdo? Totalmente. No se ha sabido vender bien y no se ha sabido hacer bien. A ver, digamos que es como que se toma al lector por tonto en las revistas de moda. No en todas, pero en la mayoría. Entonces es como, bueno, a lo que le gusta al lector es esto, esto y esto. Y de ahí no le saques. Tampoco te pongas a teorizar sobre tal y cual porque no lo va a entender. O no cites a (Thierry) Mugler sin explicar quién es Mugler. Que muchas veces tengo problemas con eso… bueno, ya menos, porque estoy más acostumbrada, pero al principio, claro, sobre todo cuando haces papel, que tiene una extensión limitada, y luego te lo lee el redactor jefe, que hace muy buena labor diciéndote “tienes que explicar quién es este y aquel”, pues yo llegaba un punto que decía “joder, que lo busquen en Google, que para eso tienen Internet. Y luego que sigan leyendo” (se ríe). Y es como que tienes que pormenorizar mucho, tienes que simplificar mucho. No en todos los sitios. Pero sí, tienes que hablar de “el rosa como nuevo negro, el tal y cual como tendencia”, que dices “bueno, se puede contar de otra manera ¿no?”. Pero el error es de partida, porque creemos que el lector es tonto y hay que dárselo mascado.

¿Te ha costado ser reduccionista? Sí. Además es que creo que todavía no lo soy. A ver, tengo la suerte de que siempre me han querido para cosas largas. Desde que entré en mi primera redacción, que fue en S Moda, porque El País Semanal  lo hacía de freelance, siempre me han querido para hacer temas largos y muy de análisis. Pero es verdad que luego, por el curro, te toca… pues hacer entradillas de editoriales o explicar una tendencia. A mí es lo que más me cuesta. O sea, me cuesta más hacer, por ejemplo, el túnel del principio de mi revista, que es describir lo que lleva la modelo y hablar de la tendencia y tal, que hacerme un tema de cuatro páginas. Porque me cuesta mogollón reducir. Y a muchos les pasa; tengo compañeros que les cuesta más hacer un breve que soltar un turrón de Gucci. Pero claro, es lo que hay.

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EN LA VIDA REAL, BLOGUERANICHO NO LE TEME A NADIE. NI SIQUIERA AL CUERPO DE LA LEY. AQUÍ MIRA DESAFIANTE CON GAFAS DE GUCCI, SUDADERA DE PULL&BEAR, FALDA DE COS, CALCETINES DE SOOP, SOOP Y ZAPATOS DE CAMPER. EL CHALECO MULTIBOLSILLOS, PROPIEDAD DE LA ESTILISTA, Y EL PASAMONTAÑAS, TAMBIÉN DE COS, LOS LLEVA ENCIMA SOLO POR SI ACASO: LETICIA NUNCA SABE CUANDO PODRÁ MONTARSE EN UNA EXCAVADORA POR EL CENTRO DE MADRID, SALTÁNDOSE TODOS LOS SEMÁFOROS.

Volviendo a la entrevista de Rosa María Calaf, ella decía que los medios convencionales, cada día, están más alejados de la vocación periodística, que sirven a otros intereses. Lo cual es un discurso que a estas alturas ya está bastante manido. Pero lo interesante es lo que explicaba después: que al lector, al final, lo único que le queda es recurrir a Internet y a los cómicos serios. Y yo me atrevería a decir que al lector de moda, lo único que le queda, son casos como el de Diet Prada o algunas cuentas de Instagram de periodistas de moda españoles, que las hay y muy analíticas, o de redactores como tú, que utilizas el humor como un lubricante para embutir ciertas ideas. Puede ser, eh. Pero es que yo, como periodista, esto queda muy mal decirlo, me informo en redes sociales y webs. De hecho, doy clases en el IED, y claro, los chavales, que tienen veinte años, vienen con un dominio de Instagram que de repente siguen cuentas que ni siquiera conozco ¿sabes? Y no son cuentas de influencers, sino cosas en plan guais, interesantes. Entonces voy descubriéndolas gracias a ellos, no gracias a las revistas (revisa lo que acaba de comentar). Considero que lo que podemos hacer es una labor más sociológica que otra cosa, quiero decir, algo más que una labor descriptiva. En el sentido de, bueno, pues yo qué sé, si de repente veo la campaña de Gucci y todas van tapadas, y veo que en el desfile aquel de Richard Quinn al que fue la Reina de Inglaterra también iban con la cabeza tapada, y que en el desfile de Raf (Simons), el que se está vendiendo ahora y al que yo fui, te cagabas de miedo por la música y tal…. Es como, bueno, lo único que yo puedo hacer, porque la gente ya lo ha visto, es coger esa información y decir “¿por qué los desfiles tienen que generar algo más allá del feísmo o el bonitismo? ¿Por qué tienen que generar angustia, miedo, pudor?”, y unir todas esas variables que yo estoy viendo en Internet e intentar analizarlas juntas. Pero yo creo que ya no puedo dar información a nadie, porque eso ya no existe. Desde mi punto de vista. O sea, lo único que puedo hacer es utilizar ese background, relacionarlo todo y meterlo dentro de un contexto social. Nada más.

Está el debate de si es ético o no que firmas como Craig Green, por mencionar la más reciente, parta de los refugiados y chalecos salvavidas, ojo a este adjetivo, para venderle ropa a gente que jamás, muy probablemente, tendrá que vérselas en una situación parecida. No es una cuestión de moralidad sino de ética. ¿Tú cómo lo ves? Pues mira, para mí es necesario que la moda haga eso. Por ejemplo, hablas de Craig Green, vale, o yo no sé si has visto un desfile del año Maricastaña  de (Hussein) Chalayan, en el que convertían los muebles en ropa porque tenían que huir de sus casas, porque eran refugiados. O desfiles de esos en los que se tratan movidas de la agenda social, como hacía Adrover, por ejemplo. Sí, yo creo que es necesario, que la moda no puede mirar hacia otro lado. O sea, creo que tiene que existir cierta moda que sea solamente estética, sin contenido, pero creo que la moda, per se, no puede no mirar a la sociedad. Y ahora que hay una recuperación de las dinámicas afroamericanas en el diseño estadounidense, pues eso, de utilizar el bow, el queer, otra vez los oros… El retomar las cosas culturales, si se hace manteniendo el mensaje, me parece perfecto. Y si se hace una denuncia desde una pasarela, también. Lo que me parece fatal es subirse al carro. No estoy a favor de que Thom Browne, utilizando el Me Too, porque lo ha hecho y con una excusa, quiera reviews  fáciles. Porque Thom Browne siempre ha sido un diseñador muy complicado, es verdad, pero nunca había hecho una mención tan explícita. Que oye, él luego lo puede vender como le pasó a David Delfín, como eso de “no, yo me he basado en Magritte y en realidad vosotros estáis viendo aquí la Guerra de Irak”. Y Thom Browne puede decir “no, yo lo estoy utilizando como una estrategia irónica para denunciar la inmovilidad de la mujer como víctima de la moda”. Pero me parece un recurso, y viendo la trayectoria de Thom Browne, es un recurso fácil ¿sabes? Él no basó todo su desfile en una temática; utilizó un recurso de estilismo para que luego hablaran de él. Eso es lo que no me gusta. Y estoy muy a favor de que Comme des Garçons haya basado su carrera en el feísmo, en un momento en el que la mujer tenía que tener una estética determinada. O estoy a favor de que Craig Green haga lo de los refugiados para vender camisetas. No me parece mal. Porque, al final, lo hace gente cuya clientela no es ajena a ello. Quiero decir, siempre va a haber una china rica que se la sude todo y que vaya a comprar a Undercover y ya está, porque mola y es lo que toca comprar. Pero normalmente, el público de Craig Green, aunque tenga dinero, no creo que sea un público que vote a Trump.

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UNO PUEDE CREER QUE LA ROPA LLEVA AÑOS DEMOCRATIZÁNDOSE. PERO CON LA HUMILDE OBRERA DE LA MODA TAMBIÉN PUEDE PENSAR AL REVÉS: QUE ES EL PROLETARIADO EL QUE HA ACABADO POR ARISTOCRATIZARSE. SEA COMO SEA, BLOGUERANICHO  POSA CON GAFAS DE PRADA, SUDADERA DE PULL&BEAR, CHAQUETA DE LAZY OAF, BUFANDA DE LOREAK MENDIAN Y FALDA DE COS. LAS BOTAS, DE MAISON MARGIELA, LAS COMPARTE CON ENCARNA Y TOÑI SALAZAR DE AZUCAR MORENO.

¿Y la camiseta de Dior de We should all be feminists? Eso es más complicado. A ver, no dudo de que Maria Grazia sea feminista. De hecho, lo creo. Creo que ella tiene un background  y muchas veces, en entrevistas que he leído suyas, hace referencias en las que deja ver que la tía sabe de qué va la cosa. Creo, sin embargo, que la casa la contrató por ser mujer. A ver si me explico: Dior es la marca más complicada que hay en ese sentido, porque Christian Dior inventó el New Look, que fue opresión después de liberación. O sea, llegó Chanel y luego llegó este señor y ya se puso a imaginar un mundo de princesas Disney. Y todo lo que rodea el branding  de Dior es eso, mujeres que se enamoran. Y todos sus diseñadores siempre habían sido hombres, entonces utilizaron la estrategia de… Seamos claros: a Maria Grazia la vendieron como la primera mujer en Dior, y esperaron de ella una especie de feminismo de garrafón que no perdiera su clientela anterior, pero a la vez que generara adeptos. No sé, ella tiene desfiles inspirados en Niki de Saint Phalle, que es una manera más implícita de tratar el feminismo. Y es verdad que, bueno, que esa camiseta nace del discurso de las charlas TED de Chimamanda, que al final, oye, la referencia es súper lícita. Pero se les notó que era una estrategia comercial. Precisamente porque era demasiado explícito.

El problema lo veo, además, en que se tradujo el feminismo en una frase. Era un titular que iba estampado justo en la parte frontal de una camiseta, en el mismo lugar en el que todas las marcas, históricamente, han puesto sus logos. Y de alguna manera se puede entender como que Dior ha tratado de corporativizar una idea social. ¡Claro! Y porque justo cuando ella lo hizo, pues hubo mogollón de diseñadores que lo sacaron. En plan, Prabal (Gurung) hizo la camiseta esa de This is what a feminist looks like. Jeremy Scott lleva sacando camisetas así desde hace tiempo y él siempre sale a saludar con mensajes del mismo rollo. Pero se ha hecho, volviendo al caso, en un entorno y en un contexto tan marcado como es el de Dior, que no tenía mucho sentido por lo que tú dices. Además es que ellos fueron los primeros, cuando mandaron la nota de prensa, en decir que Maria Grazia era una mujer. Que es algo que, a ver, que me parece bien. Pero cuando lo haces de una manera tan evidente, pues ya estarán los periodistas o editores, o la gente fan de la moda, poniendo en Instagram “qué bien que Maria Grazia sea la primera mujer en Dior”. Pero cuando el primer statement  que haces es ese, es como que ya dices “vale, la has contratado por eso, y lo que esperas es subirte un poco al carro”.

06-Leticia-García-Daniel-de-Jorge-Incessants-2018Al final es un poco lo mismo que ha hecho Pedro Sánchez con sus ministras. Aparte de ir anunciándolas cada hora por Twitter, con una estrategia casi gran hermanista, como si fueran a entrar a un reality show, él se vanaglorió de “soy el primer Presidente que ha metido a no sé cuántas mujeres en el Gobierno”. Sí, sí, sí. A ver, yo estoy a favor de la discriminación positiva, eh. Bastante. Porque creo que es necesaria, porque si no se hace no vamos a evolucionar nunca. Y hay que hacerlo un poco a hostias. No queda otra. O sea, al margen de que sean buenas o malas ministras, la idea es un poco que el ojo se acostumbre, socialmente, a ver a mujeres como portavoces, y luego ya se podrá elegir en función de otras cosas ¿no? Pero en el caso de la moda creo que está muy bien lo que hablamos, que trate la agenda social. Pero cuando eres Dior y tocas el tema del feminismo, y utilizas un canon de belleza que es el que es, y no modificas el tallaje, y no haces un casting con diversidad racial… ¿A mí de qué me sirve que estampes esto en una camiseta si no sacas a Ashley Graham? Ya no te digo que te pongas súper rompedor, con una Ashley Graham de toda la vida ya estaría (se ríe). Es que no me sirve de nada que me pongas aquí feminista  (señalando el pecho), si luego toda tu estrategia de marca es antifeminista ¿sabes?

Después hay mujeres como Victoria Beckham, que han sido un tópico toda su vida, y que en realidad nunca van a poder deshacerse de su pasado. Pero ella lo comprende, creo que lo ha aceptado, y ha sabido rehabilitarse con una firma que es inteligente. Más que nada porque si tú no has cogido una máquina de coser en tu vida, puedes consumir tus energías negándoselo a la gente. O también tienes la opción de decir “vale, sé de moda, sé detectar buenos ejemplos y tengo el dinero suficiente para comisariar y dirigir a gente que los diseñe”. Y eso es lo que ha hecho Beckham. Ha ido a la Saint Martins y ha contratado a veinteañeros que no son rompedores, que nunca encabezarían una revolución estética, pero que en lo suyo sí son los mejores de la promoción. Y ahí está el resultado: una marca que diez años después de haber nacido es interesante y rentable. Total. Si lo piensas, en ese saco puedes meter a las Olsen también. Porque al margen de que ellas vistan con el rollo homeless  y tal, con el trabajo que hacen ves que su conocimiento de moda era real. Y por otro lado, se han informado muchísimo. La ropa que hacen está comisariada, como tú dices, cogiendo a los mejores. Que los mejores no tienen por qué ser los top  a nivel mediático, sino los que mejor hacen su oficio. Primero, las Olsen tenían a la jefa de diseño que ahora está en Hermès (la francesa Nadège Vanhee-Cybulski). Beckham tiene a la Ilaria (Icardi) que se rumoreaba que iba a suceder a Phoebe Philo. O sea, es gente que al final se ha creado al calor de sus marcas, y ellas tienen, yo creo, una falta de prejuicios absoluta a la hora de contratar a la gente. Y luego es curioso ¿no? Porque ves a las Olsen y cómo era Beckham antes, con ese rollo maximalista raro, y de repente te hacen ropa que es completamente distinta. Tú vas a un desfile de Victoria Beckham, que ahora lo ha hecho en Londres y no lo he visto, pero cuando he podido ir a desfiles suyos en Nueva York siempre los hacía en un sitio muy bonito, pero que tampoco es “el cojo sitio rollo Park Armory”. Ellas desfilan, luego te explican muy bien de qué está hecha cada cosa, y ya está. Y las Olsen, este año, que han vuelto para presentar lo de hombre, hicieron desayunos de prensa, que te daban un café, te enseñaban la colección al detalle y la podías tocar. No buscan nada más. Y es la ropa mejor hecha que hay ahora mismo en el sector del lujo. Claro, es carísima, pero es que es otro nivel. Entonces, sí, es curioso cómo esta gente, yo no sé si por una cuestión de complejo, de decir “bueno, se habla de mí como icono de la moda, pero yo lo que quiero es trabajar en moda”, o lo que sea, pero es curioso lo súper informadas que están, y que es eso, lo que tú dices, que no les importa coger a un chaval que se acaba de licenciar en la Saint Martins, si es el que mejor hace cashmere  de su generación ¿no? Y ahora mismo que han pasado 10 años de Victoria Beckham y unos 15 de The Row, han demostrado que es posible. Y ya son marcas por sí mismas; son un poco lo que era Céline antes. Esa idea de, igual a menor nivel, pero de ropa minimal, muy bien tratada, de gente que conoce los patrones.

¿Qué opinas del branded content? Pues depende de cómo esté hecho. A ver, si es un branded content  literal, de te hago una página editorial hablando de las bondades de Ikea o de Oysho, o de lo que sea, y no te digo que el contenido es de equis  revista para Oysho, me parece fatal. Si yo, una cosa que hacemos mucho en moda, dentro de un editorial te meto dos bolsos de Louis Vuitton en seis páginas, y Vuitton está pagándome una parte de la producción, pero luego yo los combino como me salga del coño, no me parece mal. Porque de algo hay que vivir, y la publicidad tradicional ha muerto. Y si yo, por ejemplo, quiero apoyar a una marca en un reportaje más amplio de, yo qué sé, algo tan fácil como “marcas que han prohibido las pieles”, y hablo obviamente de Stella McCartney, que no es mi anunciante, pero de repente, una marca pequeña, que sí lo es, tampoco usa pieles, pues voy a intentar meterla dentro del reportaje para apoyarla. Eso no me parece mal. Lo que me parece mal y poco ético es cuando lo haces de una manera muy explícita, porque al final todos tenemos que buscar el dinero para poder generar las revistas. Y si tú te buscas las vueltas para que Carolina Herrera te pague parte de una producción, y en una foto metes un total look  de Carolina Herrera, si la idea creativa y el resto del estilismo es tuyo, me parece perfecto.

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¿Sigues con las mismas ganas con las que empezaste? No.

¿Piensas a menudo en jubilarte? Sí. Estoy en un momento en el que me quiero ir, además. Porque estoy cansada. O sea, primero es por una cuestión estructural y social, y es que todos vamos a tener que abandonar el barco antes o después. Sobre todo en el papel. Porque vamos a la deriva, porque no, porque es un modelo que no se sostiene ya. Nadie lee revistas y no creo que haya que culpar a la gente de no leer revistas; yo es que tampoco las leo mucho si te digo la verdad (se para a pensarlo). Y luego, a lo personal, porque nunca he terminado de encajar demasiado en este mundo, es como que me cuesta mucho. Hay gente que es genial, sí, he conocido a mucha gente que me cae muy bien, pero me cuesta hacer relaciones públicas, me cuesta llevar ese ritmo de vida, porque, al final, tú ves a gente de la moda, a redactoras, estilistas, que parece que vivan en otro mundo, y la mayoría no llegamos a fin de mes, y cada vez somos menos y curramos más. Entonces eso me genera como muchas dicotomías. Es un poco todo: juega el momento en el que vivimos, juega el agotamiento, juega el endiosamiento que ha tenido siempre, dentro de la gente que trabaja en moda, el rollo de trabajar en moda. Y, bueno, pues he aprendido mucho, pero digamos que ya estaría.