¿Qué hace este chico francés en una terraza de Barcelona a 40 grados a la sombra? Pues explicar que su currículum resume la indumentaria de la última década. Y parte del mobiliario de la siguiente

FOTOGRAFÍA: ADRIÀ CAÑAMERAS

Dime qué piensas. Cuando un modelo ha llegado a un cierto nivel y se da cuenta de que ya le quedan pocas cosas por hacer, y quiere probar con algo distinto, me imagino que se tendrá que enfrentar a una transición complicada. Y no porque los demás no le vayan a tomar en serio, sino porque es difícil levantar por cuenta propia algo que tenga la misma calidad que una carrera como la tuya, que has dirigido desde los 18 años, de manera impoluta, con Comme des Garçons, Issey Miyake, Balenciaga o Valentino. Bueno, es que no lo veo tanto como una transición. No asocio la moda con lo que estoy haciendo ahora con Temps aux Temps, pero me ayudó y me ayudará. Sobre todo por la sensibilidad. Porque cuando trabajas con equipos como los de Raf Simons o John Galliano, al final acabas empapándote de su manera de ver y hacer las cosas ¿no? Además tuve la suerte de ser musa de Galliano durante una época, y en su estudio me decían “¿por qué no te pruebas la ropa vintage  que traemos de nuestros viajes de research? Vente, haz lo que quieras con ella y te hacemos fotos para la inspiración del desfile”. Y me acuerdo que hicimos un desfile de Galliano que en parte iba sobre cómo me ponía la ropa ¿sabes? Y esa sensibilidad explica un poco por qué he trabajado tanto tiempo en la industria, porque seguramente habrá modelos mucho más guapos o que tengan mejores peculiaridades.

¿Hasta qué punto te ha interesado la moda? Mira, empecé de modelo porque lo que me interesaba, lo que me gustaba, era lo que había en el backstage. Quería ver cómo se hacía un desfile. No había más razones; eso era lo único. Bueno, sí, también tenía muchas ganas de viajar, por el tema de los idiomas y tal, y me mudé a vivir a Italia y acabé de musa de Jil Sander y otras firmas. Pero realmente empecé porque quería saber cómo funcionaba un evento. Y si tú me preguntas ahora qué es lo que valoro en la moda, pues te diré que la creatividad, y que por eso he vuelto a trabajar de modelo después de haberlo dejado. Y cuando volví, pues lo hice con Alejandro (Gómez), con Palomo Spain, porque me encantaba su trabajo, lo valoraba mucho, y hablé con su equipo y les dije “mirad, ahora mismo estoy haciendo un break  como modelo, pero estaría dispuesto a ayudar a Alejandro, porque creo en lo que hace”. Es lo mismo que hice con Jonathan Anderson. Date cuenta de que… la historia es que me mudé a Londres, tenía a mi novia de aquella época allí, que estudiaba en la Saint Martins, y llegué a la ciudad sin trabajo. Escribí a Craig Green y a Jonathan Anderson diciéndoles “hey, chicos, a lo mejor puedo ayudaros con los fittings  a cambio de unas prácticas”, y alguien del equipo de JW Anderson me respondió con un “el próximo lunes empiezas”. Pero el lunes llegó y ni siquiera sabía la dirección. Tampoco me habían confirmado que aquello de las prácticas iba en serio, así que me esperé un día y el miércoles me planté en la puerta del estudio. Lo había buscado en Google; estaba en Dalston Junction. Llegué allí, subí dos pisos, llamé al timbre y les dije “hola, soy Corentin. Os he escrito por email pero no me respondéis. Aquí tenéis mi contrato, ¿me lo firmáis?”. Y así empecé con Jonathan.

Espera, ¿y cómo reaccionaron ellos? Hombre, digamos que mis formas no fueron las más tradicionales. Pero quedarse en casa esperando una respuesta que nunca vendría tampoco era una solución. ¡Lo que quería era trabajar! Y la directora del estudio, la mano derecha de Jonathan en aquella época, se quedó alucinando, claro, ¡pero al final la cosa funcionó! Ahora eso probablemente no lo podría haber hecho, porque el equipo ha cambiado y la firma pertenece al LVMH. Y hay toda una serie de normas de seguridad que antes no había (vuelve a recordar el momento). Sí, así empecé con ellos. Y lo mismo quise hacer con Palomo, porque para mí es el nuevo Balenciaga. Aunque eso ya lo veremos en un par de años.

03-Corentin-Renault-Adrià-Cañameras-Incessants-2018He leído un blog que escribías hace cuatro años, no me preguntes cómo lo encontré, y ahí decías que en Jonathan Anderson te tocó, entre otras cosillas, organizar los castings. ¿Fue extraño, de repente, por unos días, estar en el equipo de los que eligen? Porque al final tenías que debatir qué compañeros tuyos entraban o no en el desfile. Sí, y es interesante, porque es un conflicto, es un juego de intereses ¿sabes? Pero todo depende de cómo valores el trabajo de un modelo, porque si no es tu vida, como era mi caso, pues te acaba dando bastante igual (sonríe). En serio, es así; siento no poder darte una respuesta que sea interesante (se ríe). Porque en la época de Jonathan Anderson no trabajaba tanto de modelo. Mi carrera explotó justo después, justo en el mismo momento que explotó la de Jonathan, que es cuando hice la campaña de Topman y todo el mundo empezó a fijarse en mí, así, de repente.

Me estoy perdiendo con tantas etapas. Es que mi carrera es un poco larga, pero te la resumo: empecé con 18 siendo la musa de Balenciaga, y el equipo de la firma me pidió quedarme en París para hacer todas las colecciones con ellos. Pero lo que pasó es que prefería mudarme a Madrid de Erasmus. Quería estudiar y aprender de lo mío, que eran los negocios. Y en la época de Madrid hice muy pocas cosas, algunos desfiles y editoriales, pero nada increíble. Y en Londres, después, tampoco tenía en mente lo de ser modelo. Tenía una agencia y la verdad es que me daba bastante igual. Con 20 años hacía mis prácticas, terminaba a las cinco de la tarde y luego me dedicaba a hacer lo que se supone que hacían todos los chicos de 20 años, que era tomarse sus cervezas y poco más (se ríe). ¿Tú no habrías hecho lo mismo?

Pues para qué mentirte: seguramente sí. Cambiemos un segundo de tema. Desde hace poco has montado una marca de muebles vintage  que se llama Temps aux Temps ¿verdad? Y quiero que hablemos sobre el mercado de segunda mano. ¿Quieres que te dé mi opinión? ¡Claro!

He crecido pensando que utilizar ropa de mi hermano ayudaría a no desperdiciar las cosas que todavía tenían un valor. Digamos que para mi familia, y para muchas más, reutilizar era una cuestión de economía. Y cuando llegué a Madrid justo me encontré con un boom hipster  que practicaba lo mismo que yo, pero entendiéndolo como un estilo de vida. Que además le cabía de todo: las charity shops  de Inglaterra elevadas al estatus de tendencia, la crisis económica traducida en una austeridad formal con la estética homeless  y de periferia, una vuelta a la naturaleza con los palés de madera, etcétera. ¿Cómo ves tú todo esto? Pues en el tema de la moda creo que… que lo que gusta es la juventud ¿no? Y es así, van buscando eso (se para a pensarlo). Y también es que se han hecho tantas cosas ya, está ya todo tan rebuscado, que coger ideas o cosas vintage  es necesario hoy en día para seguir produciendo, porque si tú lo que buscas es crear cosas nuevas, pues buena suerte para conseguir algo. Una de las pocas marcas que verdaderamente viene con algo nuevo todo el rato es Comme des Garçons; es de las pocas. Y ahora el tema del vintage  está bastante fuera, es guay, vale, pero el streetwear  es el que te posiciona. Que eso empezó, ya ves tú, hace cinco años con las zapatillas. Yo iba a la escuela con sneakers  y todo el mundo me decía “tío, ¿qué estás haciendo con unas sneakers  en la escuela de negocios?”. Y ahora andamos todos por la vida con sneakers; la moda está cogiendo esa dinámica. Pero también creo que a la moda actual le falta bastante sentido, porque coger una bolsa de Ikea que se está vendiendo por cuatro euros y venderla por 4.000 (en realidad, 1.700), con el logo de Balenciaga, es un sinsentido ¿sabes? Por muy guay que parezca a nivel de marketing.

01-Corentin-Renault-Adrià-Cañameras-Incessants-2018Y al otro lado está Jacquemus. ¡Exacto! Y después hay otra parte de la moda que es el bienestar y la felicidad que te vende Jacquemus. Así que hay varios caminos, y el vintage  también es uno, pero… yo creo que tiene éxito porque es un nicho para la gente joven sin poder adquisitivo que no quiere vestir como los demás. Porque en el vintage  hay cosas buenas, de calidad. Yo sigo poniéndome una chaqueta de Burberry que me compré en Tokio por 30 euros. Date cuenta de que… cuando trabajé con Valentino los chicos de la firma me decían “nos flipan tus zapatillas”, ¿y sabes de dónde saqué mis zapatillas? ¡De la basura! Porque mi hermano ya no las quería. Y yo creo que al final las marcas buscan eso. Hay gente que tiene mucha sensibilidad, hay niños cool, guay, que son underground, que vienen de pueblo y viven con poco. Yo trabajaba con Benjamin Jarvis, que era de Londres, o Dzhovani, no sé si te acuerdas de Dzhovani Gospodinov, un chico de Luxemburgo que trabajaba muy bien… Pues estos chicos vivían con muy poco dinero, y todo lo que llevaban era vintage  o de segunda mano, y por eso las marcas trabajan con ellos, y también conmigo, con chicos que no somos guapos o feos, que solo somos reales, aunque mucha gente llame a eso ser guay. Pero, ¿qué significa ser guay? Pues libertad, yo creo. Que puedas ponerte la ropa que te dé la gana sin pensar en lo que dirán los demás.

¿Qué te dicen tus padres de lo que haces? Pues la moda no les importa mucho. Date cuenta de que Off-White, por ejemplo, para la gente de un pueblo de Bretaña de 8.000 habitantes, no significa nada. A lo mejor Zara o Nike. Pero el resto no les interesa demasiado. Y a mí tampoco me interesaría si no me hubiese dedicado a lo que me dedico. ¿Acaso tu madre sabe quién es Virgil Abloh?

¿Hace falta que te responda? Por cierto, ahora que lo mencionas quiero que hablemos, si te apetece, del retorno del logo, tanto en la moda, en forma de maletas Supreme, como en los muebles, con las neveras y tostadoras de colores Smeg. Y voy a enseñarte unas frases que el ex director creativo de Bottega Veneta, Tomas Maier, dijo en una entrevista en The Talks, en abril de 2014 (se la enseño y empieza a leerla en voz alta). “No te hace falta una firma en una pintura para saber si es un Manet, porque puedes reconocer un Manet por el sentido del color, un Rembrandt por la luz, un La Tour por el reflejo de la luz de las velas en la cara. No te hace falta mirar los nombres. ¿Por qué nos gusta la arquitectura y por qué nos gustan ciertos arquitectos? Porque podemos pasar por delante de un edificio, entre cientos de edificios, y decir “este es un Richard Meier” o quien sea. A mí me gusta diseñar productos que no necesiten nombres en los botones. Si tienes un poco de cultura y tienes un poco de sensibilidad y comprensión, ya sabrás de quién es” (termina de leer). ¿Quién dijo todo esto?

Tomas Maier, el diseñador alemán. Pues yo no estoy de acuerdo (se ríe). Es un pensamiento genial, utópicamente es una maravilla de mentalidad, porque significa que si reconoces esto o aquello eres alguien educado. Lo que pasa es que… lo de tener una educación viene con la edad. A mí me cuesta mucho creer que alguien con 25 o 30 años vaya a reconocer las prendas de Bottega Veneta, por muchos títulos que tenga de historia del arte ¿sabes? Y es un poco pretencioso lo que dice ¿no? Creo que pensar así es bastante fuerte, porque cuando este señor se encuentre por la calle con alguien que no sepa de… no sé, de lo que sea, ¿cómo lo juzgará?

Oye, ¿y hasta cuándo puede aguantar un modelo sin sentirse un maniquí? Ya sabes, sin sentirse un muñeco que anda, que a veces gesticula y al que le ponen o le quitan la ropa. Pues a menudo lo sientes, claramente. Hay trabajos que te hacen sentir eso, un maniquí. Cuando te toca un día entero de ecommerce  y sales y haces así (se encoge de hombros y balancea los brazos), moviéndote de izquierda a derecha, pues te sientes estúpido ¿no? Pero a la vez cobras un buen sueldo, así que al final vendes tu tiempo (sonríe). Pero hay casos y casos. Cuando desfilé por primera vez con Galliano (en enero de 2010) aquello fue un espectáculo, un show  increíble. El desfile iba del inspector Sherlock Holmes, y era como que tú tenías que actuar un papel. Y cada desfile de Galliano era una historia diferente. Eso es lo que me gustaba de ser modelo, que tenías que contar una historia. Thom Browne hacía lo mismo, lo que pasa es que él siempre te tapaba la cara y… (piensa en cómo decirlo) al final nos quita el valor añadido. Somos otra vez un maniquí ¿no? Y por eso Palomo me gusta tanto, porque no quiere que camines y ya está. Él te da la libertad de ser alguien. De darle vida a algo.

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¿Y qué hay de Temps aux Temps? Pues mira, ahora tengo todos los muebles en casa y los voy vendiendo por Internet. Y la web siempre está en proceso de desarrollo. Después la idea es posicionarse en restaurantes o cafeterías de Barcelona, Londres o París, y tenerlos como lugar de exposición. Tú te vas tomando tu café, ves esta o aquella lámpara, te gusta y la compras en la web. Y la idea también sería, dentro de un tiempo, abrir un local propio que vaya un poco en la misma línea. Que puedas comer o venir a estudiar, o lo que sea, y que si te gusta cualquier cosa, te la compres en Internet y te llegue a casa. Y que sea un lugar de cambio, que cada mes, cuando vengas, haya un set design  distinto. Ese es el concepto al que me gustaría dirigirme. Pero todo esto tardará unos años ¿no?

Pero una duda: ¿hay tanta gente a la que puedas alcanzar para que eso salga rentable? Te voy a decir una cosa: si ya con la web de Temps tengo una base de venta mensual estable, incluyendo lo que venden mis stockists  de Londres y Francia, el flujo está ahí. Y lo otro es una inversión, porque podría guardarme todo ese dinero y vivir mucho mejor, o gastármelo en alquilar un local que quizá me permitiera ganar más. O no. Pero el concepto creo que puede funcionar. Vete a muchas tiendas de segunda mano, de antigüedades, o a una tienda de diseño excepcional, del más alto nivel, y verás que al final los productos están como muertos. ¿Y qué haces si no los vendes? Pues los tendrás que subir a eBay a un precio más barato ¿no? Pero si tienes un lugar donde los objetos pueden estar vivos… Yo siempre intento compararlo con lo que he aprendido en la moda. ¿Por qué se hacen desfiles? ¿Para enseñar la ropa? ¡Para eso pones un maniquí de plástico y te saldrá más barato! Pero eso no funciona, no llega a ningún sitio, porque la gente quiere emocionarse. Nada más, eso es todo. Y a lo mejor lo que expones en una cafetería se puede romper, o puede venir alguien y robártelo, pero tienes que contar ya con ello, es un precio que tienes que pagar. Y esa es la idea, que los objetos no estén puestos así porque sí, o guardados en una caja esperando a que alguien venga a recogerlos (sonríe). ¿Qué me dices? ¿Te lo he vendido bien?