A tres metros sobre el cielo se pueden hacer cosas: sabotear los satélites de Google Earth, pecar sin que los periodistas del corazón se enteren y volver a la Tierra para contarlo todo en los programas de Andreu Buenafuente

FOTOGRAFÍA: ALEX CASCALLANA

Cualquier aficionado a las imágenes melancólicas de Instagram habría fotografiado la siguiente escena. Sentado solo en un bar del centro de Madrid, con las piernas cruzadas al estilo Marilyn Monroe, devorando un libro y bebiendo cócteles con vasos poco generosos, Roberto Enríquez, Bob Pop o El Hombre de Rosa  se refugia de la noche bajo una lámpara de luz tenue. Todo fantástico, de ensueño. Hasta que alguien anónimo llega para comprobar que la situación, claro, no es tan idílica como se planteaba, que entre página y página, el subdirector de Late Motiv  se zampa la tapa madrileña por excelencia (tartar de patatas y reducción de cacahuetes) con un ruidito de fondo que no proviene de ningún vinilo heredado, sino de las mesas de al lado regentadas por millennials  británicos. Una vez descubierta la gran mentira del 2018, el protagonista se disculpa por haber decepcionado al personal. A cambio promete derribar más castillos de naipes y opinar de varios temas, incluso de los que sigue dudando todavía, ¡con la de años que dice que tiene!

¿Había indicios de Bob Pop cuando Roberto Enríquez era joven? Ojo, que no estoy diciendo que ya no lo sea, eh. Que conste. Menos mal, menos mal, porque ya estaba pensando “Dios mío, soy un señor muy mayor”. (Se toma su tiempo para responder). Hostia, supongo que sí. Sí, porque todo lo que me divertía estaba ahí. O sea, yo era desde un niño lector, voraz, precoz, hasta devoto admirador de los payasos de la tele, enamorado de Gloria Fuertes o de Truman Capote, y de cosas que a lo mejor no tenían mucho que ver con mi edad (se ríe). Pero sí, supongo que esa mezcla estaba, viene de ahí. También supongo que viene de la necesidad de evasión ¿no? O sea, si ahora hablamos del Roberto joven, hablamos de un tiempo en el que aprendías a saber que eras marica con los libros. Probablemente tu infancia o tus relaciones escolares no eran las más óptimas del mundo, y quizá tampoco viviste el amor adolescente, que de eso habla o trata mucho el arte gay. Por eso hay esta cosa, como este tópico de que los gays vivimos en una constante adolescencia o inmadurez. Supongo que sonará muy manido, sonará incluso un poco sobreanalítico, pero es verdad. Mientras todos mis compañeros heterosexuales, a los doce, trece años, se enamoriscaban y se mandaban notitas, yo y aquellos que eran como yo… pues nos lo guardábamos y nos enamorábamos en secreto, y negábamos lo que nos pasaba. Y todo eso al final te lleva a otros referentes.

En el programa Late Motiv  apareces vestido de rosa, hablando casi siempre de personajes de la prensa rosa. Y hay un tema que arrastro desde hace tiempo, que creo que muchos de los que se consideran feministas todavía no lo han planteado. O igual sí. Me explico. Imagina que seleccionamos a diez hombres heterosexuales, de diferentes edades y lugares, y les preguntamos qué opinan sobre la prensa del corazón. Estoy absolutamente seguro de que un porcentaje alto diría que eso es basura, que está diseñado para mujeres cotillas y ancianas que se aburren en sus casas. Pero si luego analizáramos el consumo cultural de esos mismos hombres, también estoy seguro de que la mayoría serían fanáticos de las banalidades de Deportes Cuatro  o El Marca. Y mi pregunta es: ¿por qué la información hecha entretenimiento, ya sea el sueldo de un futbolista o equis persona que se ha acostado con un torero, se valora diferente según quien sea su consumidor? Jo, me interesa mucho este paralelismo que haces. Y además, yo la crítica que hago a la prensa rosa… (le da un sorbo al coctel y picotea). Me encanta porque voy a salir en la grabación engullendo patatas, pero tengo un hambre horrorosa. Perdóname. Bueno, volviendo al tema: primero cometemos el error de llamar a todo esto entretenimiento, porque el entretenimiento nos da la sensación de ser algo inocuo, y no lo es, porque toda la prensa rosa perpetúa modelos de juicio tremendamente rancios, retrógrados y decimonónicos. Si tú haces un análisis de qué es noticia en la prensa rosa, al final son cosas que podrían ser argumentos de novelas de Flaubert. Pero incluso Flaubert consideraría que el juicio que se está haciendo ahora de esos asuntos es retrógrado. Es decir, son adulterios, es consumo de alcohol y drogas, es sexualidad libre… todas esas cosas que yo creía, o me gustaría creer, que en pleno siglo XXI estaban superadas. Y esto es lo que me parece terrible de la prensa rosa; además de que el 90% de las víctimas de esa maledicencia son mujeres. Y frente a lo que tú dices de la prensa deportiva, es que yo creo que, con toda esta excusa del entretenimiento, también es un elemento perpetuador de un capitalismo salvaje. Y he llegado a pensar que toda esa obsesión por contar lo que gana un jugador de fútbol, en miles de millones de euros, en realidad es la forma de explicarnos a todos los pobres cómo funciona el capitalismo. Mira, yo no soy consumidor de prensa deportiva, pero me duermo cada noche con El Larguero, porque es muy relajante, es como un ruido blanco, nada me interesa, no sé quién es nadie, y al final yo me quedo dormido plácidamente. Pero a veces escucho cosas. Por ejemplo, hay un tipo del Real Madrid que se llama Bale, que se lesiona muy a menudo. Y en las últimas semanas he escuchado a tertulianos decir que si había que venderle o no, porque se rompe todo el rato. Y yo tenía la sensación de que estaban hablando de una tostadora, pero no, hablaban de un ser humano que les estaba costando dinero y que ya no lo estaban amortizando. Y el señor no pintaba nada ahí, ni existía; el señor es un trozo de carne que les ha salido defectuoso. Y al final piensas, hostia, si la gente solo consumiera prensa rosa y deportiva estaría juzgando a las mujeres como en el siglo XIX y a los hombres como pura mercancía o mano de obra.

Y además esas mercancías parece que, como te decía antes, tengan un valor diferente en función del género. ¿Es muy distinto un Cristiano Ronaldo que no sabe hablar pero mete goles y una Belén Estaban que tampoco sabe hablar pero entretiene a miles de personas? Cuidado, Belén Esteban mete goles: se llaman audiencias. Y Cristiano Ronaldo también entretiene. O sea, meter goles no es inventar una vacuna, es entretenimiento.

Pero Cristiano Ronaldo está bastante mejor visto que Belén Esteban. Sí, por lo que tú has dicho, porque Cristiano Ronaldo no habla, y no hablar siempre genera… Cada vez que Cristiano Ronaldo habla sube el pan y el barril de Brent, y por eso está mejor visto, porque nadie sabe nada de él, o sabe muy poco de él. Es como cuando tú vas a una fiesta: el muchacho que más éxito tiene siempre es ese chico callado y misterioso que está en un rincón. Aunque probablemente te pongas a hablar con él y sea más tonto que un zapato. Pero sí, yo siempre lo he pensado, siento que no he parado de hablar desde que nací, y al final la gente dice “pero hay que ver esta marica lo que habla”. A veces pienso “un día tengo que hacer el ejercicio de ser como mujer misteriosa, ponerme un nudo en el mentón y mirar todo como si me fascinara”. Seguramente ligaría mucho más. Yo me acuerdo cuando salíamos a bares de ambiente que un amigo me decía “si tú quieres ligar, no abras la boca, porque la gente no quiere oírte”. Y yo creo que también ese es el caso de Belén Esteban y Cristiano Ronaldo; el silencio a Cristiano Ronaldo le juega a favor.

Hace años, más de los que te gustaría (me río en soledad), planteaste en Tumblr un reality  de gente, y cito textualmente, que tuviese una vida de mierda, sin ninguna vocación. Que no aspirasen a cantar, bailar, reformarse la casa, hacerse ricos o perseguir la fama. Que únicamente se limitasen a ver la vida pasar. ¿Crees que todavía hace falta un programa así? Lo que creo es que a lo mejor fui un precursor, porque de repente la mayoría de los realities  son de gente cuya ilusión es estar en un reality, que creo que es el gran mal de los realities. También me hace mucha gracia todo esto de “es que mi sueño siempre fue cantar” y cantas como un gato de escayola, entonces alguien tiene que decirte “los sueños no tienen por qué hacerse realidad, querido”. Pero yo de pequeño no soñaba con ser un concursante de reality show, soñaba… pues con ser escritor, con ser actor, con cosas de las que tenía referencia. Cuando entró la referencia del reality  y el dinero fácil, que estaba relacionada con toda la cultura del ladrillo y el pelotazo, porque en realidad un reality  es un pelotazo, es que descubran en mí… que me descubran como mercancía, vuelvo a lo de antes. Que descubran que soy comprable, porque ellos saben cómo venderme como personaje. Yo creo que el reality  tiene una cosa terrible, y es que potencia estas cosas que en familia siempre te han dicho, eso de “es que tú siempre has sido muy graciosa, Amparo. Hay que ver el día que te descubran”. Pero si solo eres graciosa y no tienes más talento, y no eres capaz de coordinar sujeto y predicado, no puedes ser humorista. Y de repente llegas a un reality  y dices “yo siempre he sido muy graciosa”, y luego haces gracias, no sé, tirándote pedos, cosa que se celebra, se valora y a veces consigue índices de audiencia muy respetables. Pero nada más.

Gracias a Instagram sé lo que hiciste el último verano: te leíste nada más ni nada menos que doce libros. En agosto, no en el verano (sonríe).

Sí, exacto. Y de ahí hay algo en claro que se puede sacar, y es que seguramente Estrella Damm no se inspire en tus vacaciones. ¡No! No soy un hombre de anuncio, ya te lo digo. Pero les saldría súper barato. Bob Pop leyendo en un sitio, luego en otro… y oye, eso que se ahorraban me lo daban a mí en caché.

Lo que no está tan claro es si alguien que se pasa la vida leyendo… a ver cómo te pregunto esto. ¿Para empoderarse culturalmente, y no me gusta nada esa palabra, hay que hacer una renuncia social? No, a ver, los libros que salen en mi Instagram es porque yo ya soy una señora mayor con la cabeza perdida, y cuando me toca hacer críticas literarias en La Marea  siempre estoy con eso de “maricón, qué me he leído que no me acuerdo”. Entonces cada vez que voy a leer un libro le hago una foto y lo subo a Instagram, porque es como si lo apuntara en un diario. Soy así, es decir, no es tontería, no es una pose. Pero yo además de esto, de leer libros, hago otras cosas: ceno con amigos, viajo… o sea, no he renunciado a mi vida social. También es verdad que… yo no sé qué edad tendrás tú.

Veinticuatro. Qué asco. Casi tengo el doble de tu edad. ¡Qué horror! Vamos a terminar ya con esta entrevista (se ríe). Mira, pequeñín, llega un momento en la vida, que te llegará, que es muy bonito, en el que dejas de tener vida social, y a partir de ahí solo tienes vida emocional, solo te relacionas con gente con la que tienes un vínculo sentimental: amigos, amantes, maridos… gente a la que quieres. Dejas de socializar, porque no tienes tanto tiempo, y porque no te hace falta. De hecho hay una cosa muy dura en la vida: hay un momento en el que te das cuenta de que tienes demasiados amigos, y de que no puedes atenderlos a todos, y de que te toca priorizar. Y es muy duro, pero no queda otra. También te diré una frase que te va a parecer muy fea, pero es así: yo solo me veo con gente que no me apetece por dinero, por trabajo. Eso que yo hacía antes a los veinticinco años de “vamos a una fiesta a ver qué gente hay allí, a ver a quién conozco y tal”, eso lo dejas de lado, pero por una cuestión práctica, eh. Ya no tengo tiempo para conocer a gente nueva, ya no me da la vida. Y esa gente que usa Grindr y queda con unos y con otros, pues no sé de dónde se sacará el tiempo. Y luego están los que dicen “es que solo quedan para follar”, y menos mal, porque tú imagínate que luego tuvieran que quedar para tomar café o algo. Vamos, hay una cosa que yo tengo muy clara desde que era muy pequeño: para follar vale cualquiera; para tomar café, no. Esto es así. Y la gente yo creo que gracias a las aplicaciones de ligue lo está descubriendo.

Antes de Navidad contaste en Late Motiv  que te violaron, y lo hiciste en un momento en que aquí, en España, se estaba juzgando el caso de los Sanfermines, mientras que en Estados Unidos las actrices reconocían el acoso del productor Harvey Weinstein.
Y parece que en Hollywood la cosa esté yendo a más, con los Globos de Oro, los vestidos negros o el discurso de una Oprah Winfrey que lleva tiempo pensando en ser presidenta. Y no sé, me da miedo plantearme que todo esto de los americanos, quizás, sea un “vamos a lavar nuestra imagen”.
A ver, empecemos por el principio. Yo cuento lo mío en Late Motiv  porque llevo dos semanas escuchando y leyendo toda clase de críticas brutales contra la víctima de la Manada, asumiendo que como ella había llevado una vida normal después de la violación, pues que qué era eso, que tampoco había sido para tanto. Y me remueve toda mi experiencia y decido que quiero contarlo. Y cuento que a la semana siguiente ya estaba saliendo porque estaba vivo. Pero creo que mezclar esa violación con el caso de la Manada y con el acoso en Hollywood es muy peligroso. Quiero decir, no es lo mismo que Harvey Weinstein te quiera tocar el culo a que un tío o un grupo de tíos te violen en un callejón. Sí, el origen es el mismo: es una necesidad del patriarcado de mear territorio. Y en el caso que tú me decías de Hollywood, creo que está muy bien que esté saliendo esto, pero en realidad lo que está saliendo es el mecanismo de funcionamiento de una industria. Si a estos señores que han manejado el cotarro todos estos años les quitas su poder arbitrario, no te queda nada, porque Hollywood sin abuso no es Hollywood.

Entonces se puede desmoronar esa institución. Ojalá.

Pero pasa algo similar con el Vaticano, por ejemplo. Un ente oscuro, cero transparente, forjado a base de Dios sabe qué, decide que su máximo representante, o sus caras visibles, vayan en contra o pongan en juicio los ideales de la casa, para que los demás nos pensemos que una estructura tan sólida se puede, como te he dicho, desmoronar así de simple. ¿Habrá efectos tangibles? Los efectos los decidimos nosotros. A ver, hace treinta años yo veía Hollywood y me parecía un sitio como moderno, liberal. Imagínate que para muchos norteamericanos, incluso para el presidente Trump, ese ser del inframundo, Hollywood es una especie de cuna de demócratas y liberales. Y esto lo que ha hecho es abrirnos los ojos, demostrarnos que Hollywood, esa cuna de liberales, en realidad está llena de gente muy peligrosa de izquierdas, de señores rancios que te arriman cebolleta, igual que en cualquier banco o cualquier empresa rancia. Y al final eso se desmonta en nuestra cabeza, y me parece un buen punto de partida donde desmontar todo eso.

Otro tema. Por la edad que tengo no suelo escuchar la radio; muy pocos veinteañeros lo hacen. Pero el sábado de madrugada, en el coche, seguí una charla de un cantante español famoso. No me preguntes ni por su nombre ni por el del programa, porque soy malísimo para los nombres. Eso sí, hubo una pregunta un poco pastelosa, de las de Federico Moccia, que me apunté, y quiero que tú me la respondas. ¿Qué profesión que no existe crearías? Y que te ayudase a ti. O a la sociedad. (Le da otro trago al coctel). A ver, yo soy un poco fan de Federico Moccia, porque hace una literatura terrible pero genera preguntas (piensa en qué responder). Abrazador nocturno. Durante una época de mi vida pensé “yo pagaría a un profesional solo para que viniera por las noches a mi casa a abrazarme”.

Eso ya existe. ¡No!

¿Y los chicos de compañía qué? Pero no te abrazan.

Pero puedes pedirles que te abracen ¿no? No, eso no lo admiten, lo consideran prostitución. Están los que van dando abrazos gratis por la calle o el señor que viene a casa y te revienta el cacas. Pero el término medio, un señor que llega a tu casa, tú le das cincuenta euros, te abraza toda la noche y te da la mano en la cama… esa profesión estaría genial. No tiene que ser excesivamente guapo, simplemente abrazar bien, ser cariñoso y no roncar. A mí me parece la profesión del futuro.

Una última pregunta. ¿Qué hacía Roberto antes de lucrarse de Bob Pop? Pues mira, ¿por dónde quieres que empiece? Yo he sido cajera del Día, que esto es una cosa que nadie valora, pero yo sabía decir a gritos “¿alguien va a pagar con 5000 pesetas?” o “los yogures de cuatro en cuatro y los petisuis  de seis en seis. ¡No me los rompáis!”. Yo he tenido una agencia de publicidad, monté también un juego virtual de escapismo antes de que se pusiera de moda… todo eso. Pero yo solo quería escribir, y lo que hago en tele ahora mismo es escribir. ¿Vocacional? No, no lo sé, yo creo que he aprovechado como las cositas que más o menos se me han dado bien, las he puesto en mi trabajo y he encontrado a alguien a quien le ha interesado mucho lo que yo hacía, que es Andreu Buenafuente. O sea, todo esto, también te digo, no sería posible sin él.

Pues ya está. Pues qué bien.

Complejo, inteligente, estrafalario, campechano. Te pareces a un personaje de Almodóvar. ¿Pero del primer Almodóvar o del último?