Solo hay dos cosas que inquietan a los hombres con clase: la desfachatez de un futbolista que se convierte en fenómeno y la prudencia de un político que se hace con el voto de los jóvenes. Cualquier otra ocurrencia, por suerte o por desgracia, es más de lo mismo

FOTOGRAFÍA: JOSEP FONTI

Su manera de vestir refleja autoridad, poder, pero no del que se ejerce en el Congreso de los Diputados o en los despachos directivos. El de Alex Badia (Barcelona, 1974) es un poder magnético: no necesita imponer. Ya de por sí dirige la atención de los demás hacia su propia forma, y cuando consigue que todos se queden absortos, enajenados por el romanticismo de fábrica, les invita a hacerse preguntas. ¿Cómo este catalán sale airoso al combinar una gabardina con chándal y deportivas? ¿Por qué siempre aparece impoluto en las fotografías de street style, hasta cuando Nueva York, su ciudad de acogida, se colapsa por una tormenta de nieve? ¿Qué es lo que hace que siga siendo un ejemplo, aún vestido con vaqueros y una camiseta de corte básico? Tantas incógnitas, superfluas en apariencia, podrían resolverse si se especifica que este hombre, de expresión seria y hablar intenso, es el director de estilo de la revista Women’s Wear Daily. Pero en realidad el apunte deja bastantes matices en el aire. Hace falta, al menos, una conversación de una hora para comprender que la historia familiar de Alex Badia lo explica todo. Incluso por qué los políticos deberían intentar parecerse a él.

Acabas de venir del Triángulo de las Bermudas europeo: Florencia, Milán, París. ¿Agota? Bueno, te tiene que gustar la moda, y más que nada ya no es la industria o el glamour, es la ropa. La ropa te tiene que encantar. Al final yo creo que el secreto está en eso ¿no? Llevo cubriendo fashion weeks desde el 2001 sin parar, sin breaks. ¿Y en qué año estamos ahora? ¿Es 2017? Sí, pues dieciséis años viendo desfiles una temporada tras otra. ¿Crees que eso se podría aguantar si no me gustara la ropa? Sería imposible.

¿Una colección trasciende más por su contenido o por su continente? Un poco de todo. Yo fui al desfile de Hedi Slimane cuando lanzó Dior Homme y noté como que había un universo extraño. Un modelo diferente, un andar diferente, una silueta diferente. Creó un entorno que no existía hasta el momento. Y hay veces, pocas veces en realidad, que una persona toma una tangente tan agresiva que en sí su contenido se convierte en un continente, en una cosa enorme. Fue un poco lo que pasó también con Alessandro Michele en Gucci.

¿Te seguiría impresionando hoy el desfile de Slimane? Yo me pregunto eso muy a menudo. Obviamente es lo que dicen aquí en América: nothing is as good as the first time. Pero a mí me ha pasado de estar en desfiles, no de esta temporada sino de anteriores, y saber que van a afectar en cómo miro la ropa. Sé qué momentos van a cambiar mi esencia, aunque suene cursi, y esos momentos son en los que te vuelves a enamorar. Y sí, claro que te puedes volver a enamorar. A todos nos ha pasado; es algo humano.

¿Queda alguien que pueda plantearle al hombre una prenda arriesgada, como los pitillo de Slimane, y convencerle para que se la ponga sin quejarse? Porque hasta Zara ha tenido que devolver a su almacén varias de las colecciones menos convencionales. Aquí hay un concepto vital, y es que las prendas básicas son el punto fuerte del hombre. Normalmente las tiendas verticales juegan con eso. COS hace prendas básicas muy buenas, Sandro también. Incluso Zara. Pero hay prendas de alto contenido editorial, prendas que son más, digamos, arriesgadas, que a veces tienen un gran lugar en el hombre. Si no, Comme des Garçons nunca hubiese sobrevivido. Ha habido grandes momentos, yo los llamo nichos globales, como el de Rick Owens. Puede que pienses “anda, eso es un nisch que lleva poquísima gente”, pero vete a cualquier tienda multimarca de diseño, la que quieras, y tendrá Rick Owens. Fíjate en tus amigos a los que les guste la moda; muchos llevarán cosas de Rick Owens. Rick Owens es un nicho estético, pero es un gran negocio. Igual que Raf Simons. No creo que mucha gente se vaya a poner esos jerseys enormes, gigantescos, de sus últimas colecciones, pero sí que habrá gente que se los compre. Y eso va a tener un impacto, no sé si a nivel Zara, pero va a tener un impacto en el resto del mundo. Porque el mercado masivo, como tú dices, no es tanta moda; es cosas básicas, específicas, con un nivel más fitwear, quizás. Pero no de pasarela. La pasarela de hombre es para pasarela, está más protegida.

De pequeños todos queríamos ser veterinarios, bomberos, futbolistas o, si me apuras, peluqueros. ¿Fue también tu caso? ¡Para nada! Lo primero que quise ser era piloto, porque me gustaba la velocidad, la libertad. Ir rápido. Quería conducir mi propio coche. Y esa idea la tuve cuando era muy, muy pequeño. Pero rapidísimamente pasé al mundo de los vestidos de mujer. Convertía los calcetines ejecutivos de mi padre en trajes de licra para muñecas. Imagínate el nivel. Parece una locura ¿no? Luego me metí mucho en la imagen y las revistas; mis cómics eran el Marie Claire. Y forraba todos los libros del colegio, todos, con moda editorial.

Siempre que te preguntan por tu estilo mencionas a tu padre y a tu abuelo materno. Imagino que fueron grandes ejemplos. Nunca conocí a mi abuelo ¿sabes? Él se llamaba Ángel del Romero. Vivió en París, en Roma, en todas partes. Era un hombre muy adelantado a sus tiempos, un hombre vanidoso, pero muy culto también. No sé cómo explicártelo. O sea, era muy erudito. Sí, esa es la palabra: erudito. Y sofisticado mentalmente. Él se vestía siempre impecable, incluso en momentos difíciles de la Guerra Civil española. Todos mis looks de cinturones, de abrigos grandes, apretados a la cintura, todos mis looks de sombreros, todo eso viene de mi abuelo, de sus fotos. Y mi padre era un hombre que se vestía para comer, para cenar, con americana y corbata. Era un hombre muy clásico; tenía el look muy de tenis, en el sentido de que los sábados iba siempre vestido de tenis. Y yo tuve un gran rechazo, de joven, a vestirme como él, porque era demasiado conservador. Pero esa mezcla de yo ser súper sport y mi padre tan clásico, con los años ha dado lugar a un nuevo estilo, que es esta especie de tensión que vivo todos los días entre lo informal y lo tradicional.

Entraste en Women’s Wear Daily cuando al grupo le faltaba poco para cumplir su centenario. ¿Costó estar a la altura? Mira, nosotros no miramos a la ropa como ropa, nos fijamos en todo. En la puntilla, en la hombrera, en el tejido, en la historia. Women’s Wear Daily es una especie de institución no solo editorial, es una institución educativa. Piensa que nosotros tuvimos una persona que escribía únicamente sobre sujetadores. Únicamente. Una persona que escribía sobre calzoncillos y calcetines. O una persona que escribía sobre medias (se ríe). Imagínate, eso es imposible hoy en día. Pero crecí en esa época, yo viví los últimos años de aquella industria segmentada y tan bien cubierta, aunque creo que nunca llegaré a sentirme preparado del todo. Ojala pudieras ver los archivos, de veras. Nosotros fuimos los que inventamos el término paparazzi, nosotros descubrimos a Jackie Onassis. Ella no era un icono de moda, fue un icono de moda una vez empezó a ser la primera dama, pero nosotros la conocíamos ya de antes, cuando solo era Jackie Bouvier. La seguíamos, la esperábamos fuera de su casa… todas esas cosas que ahora parecen de lo más normales, Women’s Wear Daily las empezó.

Se ha hablado mucho sobre el gusto, pero todavía cuesta definirlo. Para hacerse una idea, Zidane tendría buen gusto y Cristiano Ronaldo no. ¿Estás de acuerdo? Pues no. Yo he aprendido a intentar entender lo que aporta cada uno, porque si no entiendo a Ronaldo, nunca entenderé a Philipp Plein. Nunca. Y no voy a juzgar eso. Voy a juzgar si son truthful con su historia, si son fieles a sí mismos con su mensaje. Ahora, ¿me vestiría como Ronaldo? Obviamente no. Pero esto no va de lo que yo crea u opine, es de lo que ellos significan. Ronaldo tiene una posición muy importante como embajador de un tipo de moda que es… relevante. Entonces necesito comprenderla, me guste o no. ¿Tiene sentido?

Me has desmontado la idea, pero sí, tiene sentido. Es que es fácil. Cuando era joven yo también decía “esto no me gusta” o “este tío es un hortera” o “no tiene ni idea de lo que hace”. Es mucho más difícil salir de uno mismo y entender su aportación, lo que está trayendo al mundo visual, porque tarde o temprano va a tener un impacto. No quieras perderte la película (sonríe).

Llevo meses trabajando de stockist en una tienda de semilujo, y créeme, aún sigue impactándome la cantidad de ropa que compra la gente. ¿Nos estamos volviendo locos? Un poco sí. Y ya no quiero hablar de consumo, hablo de polución. No únicamente polución física, sino mental. Tantas colecciones, tantos diseñadores, tanta ropa, tanta fast fashion, te polutea… ¿cómo se dice en castellano? Te contamina, sí. Te contamina la mente, las ideas, tu perspectiva. Y yo quiero claridad, y muchas veces la claridad está en lo simple, y menos casi siempre es más. Lo que pasa es que otra vez estamos en lo mismo: ¿cómo puede uno ir a contracorriente? Puedes enterrarte, desaparecer, hacer como que no pasa nada; claro que puedes. Pero al final del día no es productivo. La idea está en proponer a nuevos diseñadores porque crean nuevas ideas, pero no proponer a gente que desde tu punto de vista está contaminando lo que es, digamos, la mente del consumidor.

Alguien en el metro decía que jamás se gastaría treinta euros en un pantalón, porque probablemente al año siguiente ya habría pasado de moda. ¿Es tarde para cambiar los hábitos de consumo? Lo que está claro es que va a ser difícil cambiar a los millennials, pero la generación que viene después es a la que hay que enfocarse. Los millennials van a seguir siendo de consumo rápido, de más, más, más. Estoy seguro de que la próxima generación, como cada generación, va a reaccionar de una manera más opuesta, y en este caso va a estar mucho más pendiente de independizarse a nivel estético. Aunque todavía hay que esperar un poco.

Falta que te pregunte por los políticos. ¿Tenemos que fijarnos en lo que llevan o en cómo lo llevan? Los políticos deberían vestirse mejor, en general. No hablamos de Trump, ni de Hillary, ni de ningún político americano. Tampoco de Angela Merkel o quién sea. Todos deberían vestirse mejor, y deberían irradiar seguridad. El primer ministro de Canadá (Justin Trudeau) se viste bastante bien. Sarcozy, por ejemplo, se vestía muy bien… Igual es que yo soy poco objetivo por mi trabajo, pero una persona bien vestida, con un buen traje, un buen tailoring, transmite la idea de poder. El hecho de que a una persona no le siente bien el traje, o que lo lleve súper grande, o que la corbata le llegue por las rodillas, da la sensación de poca estabilidad, de falta de conocimiento. De poca cultura. No cultura, pero de poco savoir faire. Y llega un momento en que tú quieres en tu líder a alguien completo. Un líder poderoso. Y la ropa con la que te presentas es lo que hace que los demás te vean así. Es igual que la Corona. Fíjate en los reyes franceses, cómo se vestían, sus retratos, sus bailes. Se presentaban a los demás como si fueran algo ajeno a esta estratósfera.

Oye, ¿todavía sueñas con ser piloto? Ya no me hace falta; estoy subido en el coche que va más rápido (sonríe).